The Guilty Code

10 Pequeños – y muy necesarios – Lujos Godínez

Ser Godínez es digno de orgullo: Has aprendido a convivir de manera medianamente civilizada con otros adultos por un proyecto en común, y eso es algo de que sentirse feliz. Todos los que disfrutamos de las mieles de la quincena sabemos que aunque no lo parezca, el “godinismo” está lleno de pequeños placeres y unos cuantos lujos que hacen lo cotidiano, mucho más placentero.

Por Ricardo Enríquez (@richiedf)

1. Poder comer en tu escritorio

Un freelance nunca entenderá el placer que significa comer en el escritorio en medio de la oficina: esa sensación de picnic para crudos es lo mejor. Por supuesto, no puede ser cualquier cosa. Comer unos burritos de microondas es muy triste, pero, por decir, unas carnitas es un gran lujo. Es más, la app que hace el súper por ti: Mercadoni Mercadoni quiere consentirte con unas carnitas. Y del jueves 21 al domingo 24 te las llevan a donde estés.

Sí, ¡carnitas! Solo es cosa de descargar la app y checar la disponibilidad (será en zonas céntricas de la Ciudad de México) y ya estás. Serás el alma de la oficina.

2. Tener una de “las sillas”

Otro lujo básico es estar cómodo, pues en el universo godínez siempre hay unas cuantas sillas que son “la silla”. Puede que sean las nuevas, o unas compradas durante un mejor momento de la compañía, pero esos asientos son cotizados y hay quien incluso esgrime su antigüedad para acceder a ellos. ¿Tú tienes una silla de las “buenas”?

3. La compu que “no se ve”

Típico que en tu oficina no te pueden cortar el internet, pero ni hace falta porque tu jefe y TODOS tus compañeros pueden ver perfectamente todo lo que haces. Pero siempre hay un godínez cuya compu queda acomodada de tal manera que nunca sabes exactamente qué está haciendo. Lo mejor de esto, es que aprendes a leer a tu compañero: sí solo asiente de manera muy seria, seguro está viendo una serie. Típico.

4. Tener “tuppers de marca”

Aceptémoslo: los “tuppers” en la oficina son tan necesarios como el aire que respiramos. Y bueno, la verdad es que le decimos “toper” a cualquier cosa que pueda cerrarse. Pero siempre existe el godínez pura sangre que lleva sus “tuppers” elegantes. Esos que uno quiere cargar en la mano porque te hacen lucir exitoso, con ondita, completo. Sabes que es verdad.

5. La oficina casual

Pero casual de verdad. Cuando trabajas entre ocho y diez horas sentado, el hecho de que casi puedas ir en pijama a la oficina es todo un lujo. Nunca falta el compañero que, literalmente, va en pijama y aunque en público lo criticas, la verdad es que en privado lo envidias.

6. La fondita buena

Los que trabajamos en territorio godínez sabemos que tener una fondita buena cerca de la oficina es un pedacito de cielo. La comida del godinez es el momento más importante del día godín. Tener una buena fondita cerca es una de esas pequeñas fortunas que hacen la vida más feliz.

7. Esas rarísimas y benditas prestaciones

¿Quién no adora trabajar en una oficina con prestaciones raras? No las prestaciones de ley –el seguro, los créditos y demás–, no. Esos no son lujos. Pero, ¿quién no se siente como magnate porque en tu oficina te dan gimnasio? O ¿quién no ha querido presumir los descuentos para el cine que te dan en el trabajo? Empresas con prestaciones ociosas no se mueran nunca.

8. El cajón de los secretos

Con estos nuevos diseños superminimalistas en las oficinas, tener un cajón de los secretos es todo un lujo. Desde la torta de tamal, hasta una farmacia entera, solo los godínez jedi sabemos lo que es tener ese pequeño baúl de las maravillas.

9. El baño privado

Pocos lujos godinezcos como el tener un baño privado. Y ni siquiera nos referimos a ese baño privado del CEO, si no al sanitario personal olvidado que está tres pisos arriba del tuyo. Es una especie de secreto a voces, que todos comparten pero nadie puede mencionar en voz alta.

10. Esos compañeros

Tener buenos compañeros es uno de los lujos más grandes del universo. Y es que, si vas a pasar hasta 10 horas al día con alguien, o aprendes a amar a las personas… o aprendes a amar a las personas. Los compañeros son como familia: es mejor llevarte bien con ellos, aunque sean completamente diferentes a ti.

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