The Guilty Code

10 Postales del Surrealismo Habanero

julio 6, 2015 Opinion
Texto y fotos por Gabriel Bauducco (@GabrielBauducco)

Parado aquí, en medio de la “surrealidad” más viva que he conocido jamás, todo, absolutamente todo es relativo, incluidos el bien y el mal (no intentes ordenarlos en tu cabeza). A continuación 10 postales que me surgen por la impresión de cada hallazgo.

1. Un pequeño Hyundai de segunda mano y en bastante mal estado le costó a mi amiga 25 mil dólares, lo mismo que su departamento de 40 metros en El Vedado, uno de los barrios tradicionalmente residenciales del país (de esos con una hermosura encarnada en la majestuosidad de sus construcciones, en la amplitud de sus calles, en la sofisticación que tenían quienes alguna vez lo habitaron). En esta, que probablemente haya nacido para ser la ciudad más bella de América, los precios no guardan la misma relación que en el resto del mundo que conocemos. De hecho, la gasolina cuesta mas cara en que Nueva York, y llenar el tanque de un coche mediano cuesta mas o menos el equivalente al sueldo de dos meses de un médico.

2. Frente al malecón una estatua del poeta José Martí cargando en brazos al niño Elian (aquel chiquillo balsero que representó un problema diplomático en los 90’s) y señalando con una mano a la Oficina de Representación de los Intereses de Estados Unidos –que a partir del 20 de este mes volverá a convertirse en embajada de ese país– se yergue como una elipsis temporal y un sincretismo ideológico como muchas otras cosas en esta isla.

3. La belleza arquitectónica que persiste y convive con la lepra del tiempo y del descuido, es muestra de este país. Casi imposible narrar la magnificencia con la que fue concebida. Esta y no otra, era la París de América. Se espera que para cuando se abra nuevamente una embajada de Estados Unidos, y se acabe con ellos el dInosáurico embargo del que todo el mundo habla desde hace décadas, una serie de cambios irreversibles comiencen a operarse aquí. Junto con la resurrección de la ciudad, el renacimiento de la belleza oculta bajo los años de abandono, llegará también la proliferación de adefesios arquitectónicos, que sembrarán una modernidad non sancta. Cubos de metal y vidrio junto al esplendor art deco. Pero… quizá haya nuevos desaparecidos morales también. No personas que ya no existan, sino personajes que se extingan: los mendigos y los timadores, por ejemplo.

4. Hay un mercado ilegal de divisas, que no es desconocido por nadie. Entonces, mientras el gobierno opera un dólar en que sus casas de cambio se vende a 87 centavos de CUC, en las calles, se puede conseguir hasta 95 centavos. Eso, claro, dependiendo de la denominación del billete. Los de 100 dólares cuestan más caros, los de menos denominación, menos. ¿Por qué? Porque –dicen- como son sacados del país ilegalmente, pagan menos por los billetes pequeños, porque ocupan más espacio.

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5. En este sitio, durante años estuvo prohibida la navidad, escuchar a Los Beatles, matar el ganado que tú mismo crías y subirse a una embarcación con motor . Sólo por mencionar una centésima parte de la enorme lista de prohibiciones.

6. Aquí, una bolsa de queso rayado del que se usa para echarle a la pasta y cabe en la palma de una mano, cuesta lo mismo que el sueldo de un maestro: unos 12 dólares.

7. Los demonios del saber viven y se reproducen entre la población, que en general tiene un grado terciario de educación, pero luego no consigue trabajo.

8. Es casi imposible conseguir un café to-go, porque es casi imposible conseguir vasos desechables.

9. Pasé un rato largo parado en la Esquina Caliente, en el Parque Central, frente al Gran Teatro de la Habana. Un sitio donde la gente va a discutir sobre los demás. Sobre beisbol, sobre política, sobre la apertura de las relaciones con Estados Unidos. Allí, donde cualquier día, a casi cualquier hora, la gente va porque sencillamente tiene ganas de gritar lo que piensa.

10. Me declaro culpable de haber comprado miel y papas en el mercado negro de La Habana. ¿Por qué es ilegal?, porque no estaba en el abasto, sino a escondidas, en el estacionamiento.

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