The Guilty Code
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A Nueve Meses de Ayotzinapa

junio 29, 2015 Opinion
Por Gabriel Bauducco (@gabrielbauducco)

El miércoles pasado se cumplieron nueve meses de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. Uno de los hechos más vergonzosos de los últimos tiempos en México, no sólo porque pone en evidencia la criminalidad encarnada incluso en puestos de gobierno y es prueba de la podredumbre institucionalizada, sino porque nos arrastra a un asunto tan grave como todo lo anterior y que es quizá el principio que permite muchos de nuestros males: los serios problemas en la procuración de justicia, la impunidad.

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Hace algunas semanas hablé en este mismo espacio de que no es amable decir esto, pero es casi por seguro que esos 43 desaparecidos no aparecerán, al menos no con vida. Entonces me gané unas cuantas antipatías en redes sociales. Cito textualmente sólo uno de los comentarios, publicados en esta misma página. Mary Roos: “Ja, q mala onda q se den por vencidos y que se diga q lamentablemente los 43 ya no aparecerán con vida ja y mas ja entonces hay q esperar a q sean nuestros hijos los desparecidos para salir a las calles no, que mala publicación”. Ni en aquel texto ni en este, sería capaz de llamar al silencio, a omitir el reclamo, a olvidar el horror. Pero ni mis palabras ni las de nadie más cambian los hechos.

Entiendo en profundidad los sentimientos que fundan las protestas. Cómo no habría de hacerlo. Cómo no compartir en la medida de lo posible el dolor infinito e inapelable de sus familias. Pero eso no me hace dejar de ver lo que es obvio: esos muchachos fueron asesinados. Y cuando veo en el pliego petitorio del magisterio disidente que uno de los puntos de demanda para interrumpir la huelga es, precisamente, la aparición con vida de estas 43 personas, no puedo menos que pensar que no buscan justicia, sino una excusa para seguir privando de educación a más un millón de niños que no tienen clases cuando ellos marchan en las calles.

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Hace muchos años pasé varios meses entrevistando a Hebe de Bonafini, Presidente de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, con el fin de escribir su biografía. Ellas, todas ellas, conocían casi con minuciosidad qué día habían sido asesinados sus hijos y muchos otros detalles de los hechos cometidos durante la dictadura militar en Argentina. La razón por la que seguían llamándolos desaparecidos es porque ciertamente nunca habían aparecido sus cuerpos, claro. Pero fundamentalmente, porque el asesinato es un delito que prescribe, la desaparición forzada de personas, no. La ley es muy parecida en México como en aquel país. Dice la ley en México: todo acto de desaparición forzada será considerado delito permanente mientras sus autores continúen ocultando la suerte y el paradero de la persona desaparecida y mientras no se hayan esclarecido los hechos.

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En cambio, un homicidio intencional, aunque puede ser condenado hasta con 25 años de cárcel, prescribe a los 12 años de cometido.

Entiendo la necesidad de justicia, para lo que es necesaria la verdad.

Cómo no voy a entender el deseo de que quienes cometieron semejante barbarie, lo paguen hasta el último de sus días. Para eso la negación debe ser entendida como una postura política. Pero quizá no como el estado emocional de una sociedad.

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