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Cómo pasé por Zsona Maco 2017 y no morí en el intento

febrero 14, 2017 Opinion
Era 2002 cuando Zelika García inició en Monterrey con el proyecto de reunir en una feria de arte las propuestas plásticas actuales; para 2005 junto con su socio Enrique Rubio se convirtió en Femaco y se presentó por vez primera en Banamex. Hoy Zsona Maco es un epicentro cultural en México.

Por Kitzia Nin Poniatowska (@Kitzia_Nin)

Yo, la eterna neófita en cuestiones de arte contemporáneo, me pareció un botadero equivalente a un deshuesadero de autos en donde se presentaban “obras de arte” que escapaban mi apreciación o interés. Pensé que se contaba solo con la presencia de algunas galerías locales, de América latina de Estados Unidos y otras de Europa.

Hoy Zsona Maco -así con S para efectos de poder mantener el nombre y marca codesarrollada con Rubio, y tras la ruptura y terminación la sociedad con Zelika, quien tuvo que recurrir a un modo creativo de mantener el nombre y evento que la gente empezaba seguir.

Así la edición 2017 resultó:

1. Un vernissage genuino desprendido de que el arte es creado desde el espectáculo. Algunos pocos genuinamente interesados en el arte, la mayoría movidos por ese protagonismo de querer aparecer y participar, aunque sea por un mínimo momento, a través de medios muy cuestionables. No importa, la producción está a todo y uno no puede evitar preguntarse si dentro de la feria Los Happenings que uno visualiza son fortuitos o planeados: desde la meticulosa y acicalada presentación de los asistentes, así como de algunos participantes -¿recuerdan que hace algunas reseñas de ediciones pasadas les comentaba que más bien parecía un desfile de modas?-. Esto es el siguiente nivel, en donde los asistentes muestran sus distintos estilos y propuestas de moda, desde chaquetas CHANEL hasta tenis Adidas. Yo, ya lo saben, ¡soy totalmente Target!

2. Si retomamos la premisa de que el arte es creado desde el espectáculo, se desprende la siguiente escena:
Nutrido grupo de damiselas de alta alcurnia conversando con fashionista directora de casa de subasta cuyo ajuar en amarillo y negro (muy de moda el amarillo para esta temporada -by the way yellow is the new black-) es mimetizado por los edecanes que promueven el musical el Rey León cuyo atuendo es también en amarillo y negro, mientras que delante del estante promocional de la obra de teatro, la prensa social se remolina sobre Sharon Fastlicht de Azcárraga… ¿cómo se llamaría la obra?

3. Lejos de la parafernalia social y los mosaicos, a veces grotescos otras hilarantes, la muestra de la evolución y consolidación de Zsona Maco, es que sea considerada hoy por hoy “la feria de arte contemporáneo más importante de Latinoamérica”, con asistencia reportada de 60,000 parroquianos. La promoción e impulso que se le ha dado al coleccionismo con diferentes “incentivos”, la inclusión de fondos y fundaciones culturales, así como la integración de empresas mecenas de arte, aunada a la excepcional curaduría a cargo de Daniel González Usabiaga, hacen de Zsona Maco una plataforma única para el devenir plástico actual. Con o sin tren del Mame.

4. El coleccionismo pautado y definido por la máxima autoridad e institución artística: el museo. Tan así que la obra de Tania Candiani exhibida por la galería Vermelho de Brasil, fue adquirida ipso facto el mismo miércoles antes de las dos de la tarde. El mismo Maco con sus alianzas comerciales, desde hace algunas ediciones, incluyendo la de foto, incorpora el reconocimiento a lo que se considera la mejor adquisición durante la feria.

Me pregunto si hay reconocimiento para los simples mortales que apreciamos tanto el arte, pero que no contamos con el presupuesto. Por ejemplo yo hubiera adquirido tres piezas, dos de ellas por meros efectos estéticos y gusto; la otra como inversión: unos crisantemos del pintor Ansel Krut, un precioso paisaje a acuarela de Angelina Beloff; y un óleo hiperrealista del cubano Tomás Sánchez… ¡30,000 dólares! (de las razones por las cuales no compré nada). Pero regresando a la idea original de los 60,000 asistentes a la expo: ¿quiénes realmente tienen interés en el arte? ¿quiénes tienen la capacidad económica de adquirir? ¿quiénes asisten por mero exhibicionismo, sin ningún pudor?

5. Para la noche del miércoles, día de la inauguración de la feria, Facebook e Instagram estaban tapizados por los autos promocionales, como comentó muy atinadamente otra culposa Mayalen Elizondo: “yo ya vi toda Zsona Maco en Facebook”. Lo que la gente publica y postear en sus redes tras su visita, es un claro indicador de lo que cada quien ve y aprecia del arte.

Esta dualidad de conceptos en si contradictorios, no han evitado que Maco se consolide y a la par surjan en las denominadas semanas de arte Nina Menocal, Enrique Guerrero y Julien Cuissetpor, por mencionar algunos, quienes iniciaron con expos en sus galerías el martes previo, o eventos paralelos que incluyen exhibiciones en espacios alternativos de la Ciudad de México o museos como el Palacio de Bellas Artes, que en febrero presentará la expo “Paint The Revolution”, cuya conferencia se impartió por los curadores de la misma Mark Castro de The Philadelphia Museum of Art Y Dafne Cruz Porchini, del museo Nacional de bellas artes.

Una vez más me declaro incompetente, pero sí altamente culpable de no apreciar el valor artístico de las muchas llamadas nuevas propuestas. Tal vez en unos 15 años pueda decir lo contrario, mientras tanto unos mexicanos que frutas vendían: ciruelas, chabacanos, melones y sandías.

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