The Guilty Code

Crónicas de una Mexicana por El Cairo

abril 8, 2016 Opinion, Slider One

Por Kitzia Nin Poniatowska (@Kitzia_Nin)

Lugar complicado de entender y asimilar, aún para un tercer mundista (me refiero a mí misma). Mí misma reflexiona: perdón creo que el término políticamente correcto usado en estos días es el de “economías emergentes”.

ElCairo3

¿Cómo o por donde empezar a explicar la complejidad de la Lacería de Egipto?

“La república árabe en África”, puede ser un buen referente.

Ah, y para quienes se pregunten, la Laceria es el término que se utiliza para describir a los dibujos, motivos y gráficos utilizados en el arte islámico, el cual mediante líneas forman estrellas o polígonos.

Los egipcios, 1967, libro del ruso Isaac Asimov, es junto con su Historia universal de 14 tomos un must read, al igual que el ensayo de Edward Said “El orientalismo”, pero nadie como Naguib Mahfuz, premio Nobel de Literatura 1988, para “descubrir” la idiosincracia egipcia, muy en especial la Cairota. ¿Por qué? Porque del Delta del Nilo a las Cataratas de Aswan, en donde la raza es africana y Egipto es negro -la zona que faraónicamente es reconocida como Nubia, y cuyo mejor ejemplo es Aida- hay diferencias abismales que van más allá de la fisionomía del país y de su gente, que cambia como el paisaje del Alto y Bajo Egipto y es tan contrastante como un lirio en flor o una tormenta de arena.

NaguibMahfuz

El Cairo fue fundada en 116 a.C. como capital por los romanos, el nombre actual viene de los fatimíes “Al Qāhira”, en árabe: “la fuerte, la victoriosa”, la que ha resistido y sobrevivido invasiones mamelucas, otomanas, a Napoleón y al dominio británico. Curioso, nunca pensé en El Cairo en femenino.

Naguib Mahfuz, y su obra narrativa, fue el primer escritor en lengua árabe en recibir el Nobel. Francamente no sé si haya más.

El callejón de los milagros es parte de su segunda etapa como escritor: la de la novela social y la de la literatura del realismo. Dentro de este último destaca la trilogía de donde se desprende la novela que representa a los distintos barrios de El Cairo y a sus habitantes.

ElFishawy2

Escrita en 1947, está inspirada en personajes seleccionados en El Fishawy, El café público más antiguo de El Cairo, establecido hace dos siglos en el corazón del mercado y bazar Khan El Khalili. Hoy, casi 70 años después, la realidad de entonces sigue tan vigente como ayer. Ciertas cosas no cambian.

Para quienes al leer esta columna estén teniendo regresiones a la versión tropicalizada para el cine mexicano por Ripstein: ¡stop, erase and rewind!

¡Zuqāq al Midaq es Cairo! Mezcla de comercio y talleres artesanales, laberinto de callejones salpicados con tesoros, artesanías, chácharas, olor de especias, comida, réplicas faraónicas –Tut, Nefertiti, pirámides y esfinges– hasta elaboradas mesas y juegos de té, cajitas de marquetería con incrustaciones de madreperla. Es cobre, alabastro, madera, textiles, cuentas y piel. Es fumar narguiles bajo una partida de backgammon.

Es el enjambre de adolescentes flechados de amor por mi hija Manuela, por quien me han ofrecido 5,000 camellos en la pirámide de Imhotep y ahora tiene 3 propuestas de matrimonio.

KitziaYManuela

“¡Yala, yala habibis!”, espeta nuestro guía/ángel guardián, Mito, a la vez que intenta dispersar la multitud de muchachos en torno a Manuela cuyo rostro está rojo como una granada.

Al ver a estos chicos desesperados –a quienes conocimos previamente durante nuestra visita a la ciudadela de Saladino– por obtener el favor de la bella Manuela, me viene a la mente los personajes de Mahfuz. Las características y patrones de nuestra humanidad trascienden nacionalidad, raza o religión, haciendo nuestras aspiraciones y anhelos universalmente humanos. No somos tan distintos.

Y hoy, Manuela es el anhelo de estos jóvenes intoxicados por el occidentalismo de su piel, de su rostro descubierto, la frescura de su mirada y la inocencia de su sonrisa al posar y tomar “enemil” selfies para su grupo de fans reunidos en la puerta de la madraza de origen otomano.

Sank you, please marry me, I love you”, dicen al unísono en un quebrado inglés.

ElCairo2

-¡Ma! ¡Mami! ¿Mamá?  –pregunta, implorando rescate Manuela–. Ahora es mi turno y con ademanes exagerados de mano y total determinación en mi voz, respondo: “¡Yala, yala!”, a la vez que la tomo del brazo y Mito se para del otro lado, divertido a la vez que asombrado.

–Perdón Mane –se disculpa avergonzado–, mientras Manuela observa un anillo de nickel y esmalte en su dedo anular, sorprendida levanta la mano para mostrarme, preguntándome con la mirada: ¿cómo y en qué momento llegó esto aquí?

“¡You are engaged! Llamemos a tu papá para darle la noticia”. El solo visualizarlo me provoca un placer perverso.

Llegamos a El Fishawy y nos sentamos a tomar té, mezcla de negro con menta, rodeada de locales y extranjeros; nuestros rostros y siluetas se reflejan en los gigantescos espejos que decoran el lugar.

ElFishawy1

Vendedores de pashminas, tasbih o masbahas (los cordones de rezo similares a los rosarios católicos), dulces elaborados con miel y pistaches, caminan a la par nuestra. Mendigos, normalmente mujeres, piden limosna. Uno de los cinco pilares del Islam es la caridad.

–¡Kiki! ¿En qué piensas tú? –pregunta Mito–.

–En nada Mito, en todo –respondo mientras que con mis dos manos tomo el vaso de té y huelo su aroma–.

Curiosamente en esta multitud es donde me desconecto de lo mundano y me conecto conmigo misma, de hiperactiva paso a contemplativa: estoy en el callejón de los milagros. Literal.

The Guilty Code

Simple Share Buttons
Me declaro culpable de la belleza, moda, noticias, fashion y looks