The Guilty Code

Cuerdas: Yázpik, Benavides y Guzmán

julio 24, 2015 Opinion
Por Amalia Mejía (@Picho143)

Quiero que te enamores del Teatro, y como sólo se ama lo que se conoce, me he propuesto mostrarte los recovecos, revelarte los secretos y enseñarte la materia prima de que está hecho. Pero mis palabras serán insuficientes si no experimentas una relación con éste, es más, la relación amorosa con el teatro, se parece mucho a la relación de pareja. Mira, empezaré por decirte que ambas cosas para mí son tan similares, que hay dos frases que hacen latir mi corazón aceleradamente de la misma manera y como ninguna otra, y estas son: “Te amo” y “Tercera llamada”; sin temor a equivocarme te diré que casi tienen el mismo significado, pues las dos implican una promesa y un compromiso, así como un proceso previo, que con estas frases te dice, ¡estoy listo para ti! al escucharlas, me surge una gran expectativa que me hace sonreír; ilusionada pienso que sólo cosas buenas ¡están por ocurrir!

Admito que he tenido algunas desilusiones en ambos casos, y como sé lo que se siente, quiero evitarte en gran medida, que tú las vivas; quiero que tu relación con el teatro sea duradera y placentera, por ello te invito a que como en la selección de amores, extremes precauciones al elegir una obra, y en la búsqueda de eficiencia te pido que apliques las mismas normas para ambos terrenos.

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He aquí (un poco en serio, un poco en broma), algunas sugerencias. Primero, no te dejes seducir simplemente porque sea popular o por la apariencia; tampoco tengas fe ciega en un nombre, pues es posible que sólo quiera descansar en “sus laureles” y vivir de sus glorias pasadas; cuestiona con valentía: ¿Cuánto dura? ¿Es bueno sólo al principio, o tendrá final feliz? ¿Es más lo que se promociona, que lo que cumple? ¿Sólo una corta temporada o se puede aspirar a develar placa de las diez mil representaciones? ¿Qué pasará cuando el telón se abra y quede todo al desnudo? ¿Tendrá algo para mí que deje huella para toda la vida o sólo será un vodevil?.

Reconoce que será difícil conocer las respuestas si no investigas, si no preguntas a quienes estuvieron antes que tú ¡Hazlo! ¡Pregunta! Ok. acepto, la técnica no es infalible, pero el riesgo se reduce y para eso estoy yo aquí, para hablarte de mis ex amantes ¡No! Corrijo, para hablarte de las obras que ya he visto, y procurarte una relación apasionada con el teatro.

Una vez hecha la elección, tanto de pareja, como de obra, goza del placer que las frases mencionadas producen; no importa el tiempo que lleves con tu pareja o lo mucho que vayas al teatro, valóralas, que nunca se vuelvan vacías o rutinarias, escúchalas como nuevas, nunca pierdas la capacidad de asombro, y espera con ansia lo que vaya a surgir después de ser emitidas. Estas dos frases son lo que es un moño a un regalo, antes de ser abierto ¡El preámbulo para la sorpresa!

¡La sorpresa (siempre agradable) será el secreto del éxito en el amor y en el teatro!

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Hay quienes afirman que una buena sorpresa, que se precie de serlo, debe provocar una reacción facial, que consiste en arquear las cejas, abrir los ojos, y para rematar, el éxito total es cuando ésta además, te hace abrir la boca.

Para ejemplificar la importancia de la sorpresa en el teatro te hablaré de “Cuerdas” de Bárbara Colio. Obra que, para asegurarse de que las chicas abran la boca, convoca a un tercio de guapetones talentosos, Osvaldo Benavides, José María Yazpik y Luis Roberto Guzmán, para interpretar, con el tono natural que siempre los ha caracterizado y que hemos agradecido, un texto inteligente y muy bien escrito, por algo ganó El Premio Nacional de Dramaturgia Bellas Artes en el 2009. Además de su buena actuación, sin duda llenan el escenario con su grata presencia y su innegable carisma, pero la unión de elenco y texto no es el único acierto. Además, quiero subrayar, sin restar mérito a lo ya mencionado, la impecable dirección de Antonio Serrano y la creativa escenografía de Jorge Ballina, ambos con notoria experiencia en las tablas y a quienes les agradeces que hayan valorado la importancia de las “sorpresas” en el escenario; las sorpresas las traduciremos como la combinación de todos los elementos que conforman la obra y que tienen su aparición acompasada en momentos clave y cuya función es mantener el ritmo (condición indispensable en el teatro) en este caso, la trama aparentemente por momentos no avanza, pero los cambios escenográficos (todos con ritmo casi coreográfico), la iluminación, un trazo escénico impecable, que además se enriquece con el uso de bandas sin fin, que dan la sensación de traslados continuos y agotadores; en fin, una suma de elementos que trabajan en sincronía, hacen que la atención se renueve constantemente y no pierdas detalle. Cada elemento haciendo alarde de su propio lenguaje y mensaje apuntando a un objetivo, trasmitir las emociones de tres hermanos que quisieran huir de sus propias vidas, de sus recuerdos y de un futuro que no quieren encarar.

Una compleja relación con un padre que desapareció de sus vidas en su infancia temprana y que ante la cercanía de un reencuentro con él los confronta y los obliga a desnudar sus realidades, mostrando cosas desconocidas. En ese riesgo de la sinceridad, que te unirá o separará de los que dicen amarte.

Es una de esas obras que no buscan acaparar un lugar en tu vida, es de las que te invitan a exponer la tuya, que hacen aflorar tus propios recuerdos y una vez que los tienes en las manos, te permiten reacomodarlos, y tal vez archivarlos en un lugar menos doloroso. Ve a verla, deja que te sorprendan también con toques de comedia. A “Cuerdas” ¡no le falta nada! No me refiero a que todo sea espectacular, sino al perfecto balance logrado!.

Con el permiso de mis compañeros teatreros me tomé el atrevimiento de definir al ritmo teatral, como la secuencia armónica de sorpresas, sé que no es una definición académica, pero hoy me resultó inevitable no darme esa licencia, pues ando romántica, tal vez por lo guapos que son los protagonistas, tal vez porque esas dos frases son un llamado infalible al amor. De cualquier modo, no quise perder la oportunidad de desearte que todas tus relaciones sean así, en donde todos los aspectos confluyan de manera cadenciosa, que tengas el valor de no perseguir en todo momento el protagonismo, y cedas espacio y vida; que la creatividad nunca falte y hagas de tu historia, una lista interminable de sorpresas, que todas las mañanas escuches un “te amo” como preámbulo a un gran día y que en tu romance con el teatro, éste muchas, pero muchas noches te susurre… “¡Tercera Llamada, Tercera”!

…Y por qué no, que en tu intimidad, también te digan “tercera llamada!” Y que el performance lleno de sorpresas, merezca una ¡standing ovation!

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