The Guilty Code

Descubrimos Roberto Barrios, el secreto mejor guardado de Chiapas

abril 11, 2017 Slider One, Viajes, Vida Guilty
Chiapas sin lugar a dudas es un lugar para hacer descubrimientos en todos los sentidos. Acompáñanos en un recorrido por sus maravillas y sus lugares más escondidos, incluyendo el inexplorado poblado de Roberto Barrios.

Un poblado incrustado en la Selva Lacandona, Roberto Barrios es una experiencia de extrema belleza natural apenas conocida por los turistas.

Por Karen Herrera (@Karenhs14)

Hace un par de meses pude presentarme formalmente con el cañón del sumidero, conocer el famoso “oxxo flotante”, ver cocodrilos tomando el sol sobre el Río Gríjalva y probar el pozol, una bebida a base de harina de maíz que se sirve bien fría y que se vende como el mayor atractivo turístico del pequeño poblado de Chiapa de Corzo. Saliendo de este poblado, a unos 15 minutos de San Cristobal de las Casas nos encontramos con la realidad que enfrentan los chiapanecos todos los días, latente, constante, sumisa e indefinidamente; un bloqueo a las carreteras en ambos sentidos que se postergó hasta el día siguiente. No entraré en mayores detalles acerca de este suceso porque, si bien debo admitir, fue un buen susto en definitiva esto no fue lo que marcó mi experiencia recorriendo este maravilloso estado.

San Cristóbal de las Casas, ese lugar de mil climas que tiene un encanto muy particular que no podría describir, así que mejor vaya, vívalo y piérdase. En este andar le recomiendo un buen chocolate de Cacao Nativa. En esta población colonial de Chiapas, los siguientes días fueron un ir y venir hacia distintos lugares imperdibles para cualquier turista y que lo van dejando a uno maravillado, emocionado y bien mexicano. No voy a mentir también es un viaje cansado gracias a las largas distancias que hay que recorrer todos los días, en estos caminos encontraras árboles gigantescos, buena comida y excelentes seres humanos, así que es un viaje no sólo de destinos, sino también de caminos.

Uno de los últimos tours obligados es a la zona arqueológica de Palenque, en donde muchos años atrás se erigía una importante ciudad maya dentro de la cual se presenciaban mortales juegos de pelota, ceremonias y un profundo respeto por la naturaleza. Ahora han quedado imponentes ruinas aún indescifrables, inexploradas y con mucho por descubrir, pues hoy en día se continúa con los trabajos arqueológicos y de exploración.

Descubriendo Roberto Barrios
En este punto decidí hospedarme en el mismo Palenque, ya que se localiza a un par de horas de Villarhermosa y logísticamente era mejor regresar desde esta ciudad a Guadalajara. Un día bien merecido de descanso para admirar a las iguanas tomando el sol en todos lados, una calle peatonal con mucho encanto y poco qué hacer, o al menos eso pensaba, hasta que una francesa que estaba en el mismo café donde me encontraba me recomendó visitar el poblado de Roberto Barrios. Ella describió el lugar como un sitio inexplorado, virgen y también mencionó que había que ir desde temprano con dos posibilidades de transporte: un colectivo que se tomaba en un mercado y que tenía horarios muy definidos en limitadas ocasiones a lo largo del día; y la segunda, más recomendada, era alquilar un taxi por 5-6 horas que te llevará al lugar y esperará ahí, lo que también daba cierto aire de seguridad.

El taxi condujo por aproximadamente 25 minutos, lapso de tiempo en donde explicó que Roberto Barrios es un lugar aún poco explorado por el turismo que visita Chiapas por una razón muy sencilla, este sitio era uno de los lugares donde más tiempo pasaba el Subcomandante Marcos, un hombre que se presentó ante los medios de comunicación siempre con el rostro cubierto por un pasa montañas y que al morir dio paso al ingreso de personas ajenas, externas a esta localidad.

Al ingresar por una terracería aún se puede observar un letrero que grita: “Está usted en territorio Zapatista en rebeldía. Aquí manda el pueblo y obedece el gobierno”. En otro también se advierte: “Se prohíbe estrictamente el tráfico de: armas, siembra y consumo de drogas, bebidas embriagantes, venta ilegal de madera. No a la destrucción de la naturaleza”.

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Al principio me sentí sugestionada luego del mensaje de llegada a Roberto Barrios, pero al entrar al lugar se palpa que el ambiente está impregnado con un pasado latente. Un puerco salvaje como lo nombre el taxista, rostros asomando por las pequeñas casas de sencillos materiales y los niños jugando por las calles que te dan la más clara de las bienvenidas, lo que disipa cualquier primera impresión: la más sincera de las sonrisas y un movimiento de manos como si estuviera llegando una celebridad.

Al bajar del auto, después de preguntar varias ocasiones si no había problema, camine unos 200 metros con los ojos bien abiertos tratando de captar el mayor detalle del interior de las casitas, todas con la puerta abierta como invitándote a pasar. Apenas me di cuenta, cuando ya había dos niños a mi lado de 5 y 7 años. Empezamos a platicar, iban a la escuela, ya habían comido y se convirtieron en mis guías turísticos; me mostraron las distintas cascadas, albercas naturales y algunos cascarones de “chicharras” (animales que realizan un ruido muy característico anunciando el temporal de lluvias).

“¿No te vas a meter?”, preguntó uno de ellos. “¡Metámonos!”, les respondí y terminamos todos en las cristalinas aguas azules de temperatura exquisita y profundidades desconocidas. Había muy pocas personas a nuestro alrededor, lo que le deba un plus adicional a la experiencia; uno de los pocos grupos de personas que había en el lugar estaban con un guía de unos 30 años que llamó mi atención de inmediato. ¡Era mudo! Pero su carisma lo compensaba absolutamente todo, invitándote a simplemente confiar y dejarte llevar por la corriente, en este caso, literal y metafóricamente. Nos unimos al grupo, nos ofrecieron unas botellas de Coca Cola de 2.5 lt aplastadas para que nos sentáramos en ellas y deslizarnos por las cascadas a manera de resbaladillas naturales de distintas alturas. ¡Estaba eufórica!

Al tomar un descanso bajo una de las cascadas, en donde podían observarse peces a nuestro alrededor, mi tercer guía y nuevo amigo me tocó el hombro para llamar mi atención. Me tomó de la mano y me jaló con fuerza contra la cascada, detrás había un pequeño espacio que nos permitía tomar un poco de sombra y reconocer la inmensidad en la que estaba inmersa; un pulgar arriba de su parte buscando mi aprobación y yo con una sonrisa de oreja a oreja, como niña en vísperas de Navidad. El lenguaje no verbal fue la mejor forma de comunicación durante las horas que permanecí en Roberto Barrios, pues simplemente tomé la decisión de abandonarme a su suerte y fue la mejor decisión que he tomado.

Creo que al ver mi cara se dio cuenta que estaba abierta a todas las posibilidades, a merced del lugar y lo que pasó a continuación marcó mi vida de una forma profunda e indescriptible. Nuevamente el toque en el hombre y esta vez acompañado de una nueva señal, una mano a la nariz y clávate a lo profundo. Mientras en mi mente se empezaron a atropellar las preguntas ¿a donde vamos?, ¿Cuanto aire debo tomar?, ¿Y si no es suficiente? El corazón saliéndose por la garganta y el encuentro con una mirada insistente y segura. ¡Nariz y clavado! Nuevamente aferrada a una mano que mi mente no entendía, pero mi corazón reconocía. Pasaron algunos 30 segundos, a la vista lo que parecía la superficie y ahí estaba nuevamente un pequeño espacio que se había quedado libre de agua y que mostraba una pequeña estalactita. No miento cuando digo que fue una de las mejores experiencias que he tenido, no solo vi un espacio natural que no ha sido intervenido por el hombre y que pocas personas han tenido oportunidad de admirar pero mejor aún recibí el regalo más importante: confía, arriesga y disfruta, acciones aplicables a cualquier aspecto de la vida.

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