The Guilty Code

¡El Chapo Escapó para ir al Teatro!

julio 17, 2015 Opinion
Por Amalia Méjía (@picho143)

Se enteró de su mágico poder y lo quiso para él, entonces me pidió que lo llevara. No pude rechazar tal petición pues para mí sería como negarle agua al sediento y eso jamás ocurrirá. Así que sin dudarlo, abordé el helicóptero y pasé por él. Ya antes, El Chapo había querido comprar al teatro, y aclaro que no dije “un teatro”, él desea poseer “al teatro”, ese espacio en donde puedes construir una historia cuando la actual ya no gusta; en donde hay mucho tiempo para equivocarse y puedes ensayar una y otra vez hasta tu entera satisfacción; donde puedes empezar las veces que quieras todo de nuevo.

-¡Mi reino por la dramaturgia que asegure un final feliz de mi vida!- Seguramente ha gritado más de una vez, pues este no es el primer intento que ha hecho por apropiarse del teatro, ha querido traficar con ilusiones, intentó intercambiar enervantes por sentimientos y a punta de cañón quiso secuestrar sonrisas, pero con impotencia comprendió que al teatro no se le compra, no se le posee, existe para ser compartido; cuando llegas a sentirte dueño, es la hora de entregarlo. ¡Arte que por efímero es siempre anhelado!

No es que quiera ser su amiga o lo quiera conocer, tampoco subirlo a un pedestal o ponerle coronas de laurel, suficiente gloria tiene con tanto meme en las redes sociales. Pero me hice la sincera pregunta, ¿Qué haría si este personaje, fastidiado de su encierro, no solamente el de las prisiones, me pidiera que lo llevara al teatro?

ElChapoTeatro

Tal vez quiere ver teatro de verdad, ese que no podrá sobornar, como lo ha hecho con los poderes ejecutivo y judicial, un teatro que tampoco se parezca al circo barato de tres pistas en el que se mueve: Puente Grande, Los Pinos y el Penal del Altiplano. El reto es grande, ya no le impresiona cualquier farsa, está acostumbrado a ellas.

Sobrevolamos la ciudad, mi indecisión era más grande que cuando me he planteado la maternidad, y ¡deja la indecisión! sentía más responsabilidad que ¡la maternidad misma! no quería perder la oportunidad de ganar un espectador. ¡Mira que están escasos! Lo bueno es que en el helicóptero se puede ir de Santa Fe a la UNAM y de regreso ¡En Chinga! (Eso lo dijo él, no yo) ¿Un musical o teatro universitario? Y ahí nos tienes, dando vueltas ¡a lo pendejo! (eso tampoco lo dije yo, lo dijo el piloto).

¿Le gustaría cantar Hakuna Matata? O ¿lo tomaría como un sarcasmo mío? pues la traducción del suajili es: “No te angusties, sé feliz” ¿Se identificaría con Mufasa y se vería a él mismo, mostrándole a su huerquillo su reino? ¿Ordenaría que cambiaran el texto y veríamos a Simba decir: “¿Y la Cheyenne apá?” ¿Lloraría con la muerte de Mufasa o le parecería una cursi mariconada? No estaba fácil la decisión, ¿será la obra correcta? Además los boletos del Rey León, tan’ re caros, y la que iba a pagar era yo, (a él se le había olvidado la cartera y ni modo que se regresara por ella) y con nosotros no aplica descuento, ni de estudiante, ni de INSEN y yo, a full price… ¡Ni madres! (Eso sí lo dije yo). Me propuso hacer un túnel para ingresar a la sala sin ser vistos, no me pareció mala idea, ya me conocen, soy incapaz de faltarle al respeto a una función, pero esta opción no era riesgosa, los hace sin ruido y sin bloquear vialidades, así ni quién se diera por aludido. En lo que nos organizábamos, decidí contarle la primera escena, por si entrábamos tarde no se perdiera en la historia, y yo inspirada y sin perder detalle la describía, contándole de cuando el chango levanta en la montaña al cachorro, al terminar me dijo: -“Eso me recuerda cuando yo en el 2012 llevé a la cima al animal” y ¡eso sí me encabronó! Pues todos sufrimos las consecuencias de su chistesito al financiarle la campaña, y ya pues, entre el enojo y la duda, el tiempo pasaba y yo con la angustia de no saber a qué hora lo tenía que regresar al Altiplano, con las prisas, se me olvidó avisarles que me lo llevaba y a pesar de todo no me los quería pasar por “el arco del triunfo” (sin hacer alusión al viaje costoso con la bola de parásitos). Enseguida les mando un “guatsap”, -me dije- no vayan a pensar que esto es una afrenta a la nación.

Parece que en esta confundida sociedad estamos desesperados por un héroe que tenga el poder de burlarse del gobierno con algo más que con memes fugaces. ¡Alguien que abandere la venganza! Y aquí tienen a muchos aplaudiéndole a un delincuente, y a otros con sospecha fundada de un arreglo de alto nivel para tal bajeza. Y quién sabe, tal vez, como estrella de cine, usa dobles en las escenas de acción. Tal vez sea una más de las cajas chinas que buscan distraernos de la situación que guarda el país, una de tantas cortinas de humo. Y tal vez de quien se esté riendo sea de nosotros. ¡Queremos la verdad!

Me propuse hacer este ejercicio con la mayor honestidad y concluí que la obra a la que lo llevaría se llama “La muerte y la doncella” no quisiera perder ni una de sus reacciones al verlo atrapado por ¡la mejor actuación que he visto en años! Gracias Arcelia Ramírez por tu talento, no lo dejes pestañear, reviéntale el corazón, ¡hazlo que confiese! Que esta vez, no haya túnel, ni truco que le permita escaparse de sus recuerdos. Necesitamos que nos digas Chapo quiénes es quién en esta trama. Este país necesita a alguien (a muchos) sentados en el banquillo de los acusados. Para juzgarlos y condenarlos o quizá para darles el perdón que ¡no merecen! ningún perdón es merecido, si lo fuera, dejaría de ser perdón y se llamaría justicia.

LaMuerteYLaDoncellaArceliaRamirez

Pero para perdonar, nuestro corazón reclama conocer las caras, muchas más que la del títere encopetado, queremos la cara de los soldados que torturan y matan, la de los secuestradores, la de los asaltantes de las esquinas, la de cada corrupto, y de ser necesario un espejo para ver la nuestra. Entonces y sólo entonces podremos perdonar.

La Muerte y la doncella, merece una mención mucho más amplia y detenida de la que ahora hago… y la haré, pero hoy permíteme quedarme así, como la conclusión de este ejercicio. Y déjame decirte que llevaría al Chapo a verla y te llevaría a ti. No porque piense que eres igual a él, sino porque pienso que la justicia y los derechos son para todos y sí, tal vez en la profundidad negrura hay un punto en el que todos coincidimos. Te llevaría porque creo que a esta obra le ha sido concedido el poder de sacudir la más intrincada de las convicciones, porque creo en el poder de este texto que puede arrancar con una sola frase, en lo que se creía árido, un par de gordas lágrimas. Porque es una obra en donde hasta los silencios dicen cosas. Te pido de antemano perdón si hoy te dejo con más preguntas que respuestas, sólo confía en mí, y ve a verla pronto.

Y por si te interesa saber qué fue de El Chapo, por lo menos el de esta historia, pues quedó tan prendado del teatro que ha decidido no volver a prisión hasta que ya no haya más teatro que ver.

Es decir, ¡espérenlo sentados!

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