The Guilty Code

¡El Diario de la Princesa de Leicester!

mayo 3, 2016 Opinion
Por José Luis Palafox (@jose_fox)

Este pequeño equipo, los Foxes del Leicester City, estuvo hace 10 años en tercera división y ha ascendido para competir en la máxima categoría. El año pasado estuvo a punto de descender a segunda división, pero en 2016 fueron campeones contra todas las probabilidades. Literalmente, porque al iniciar la temporada las casas de apuestas les daban .02% de probabilidad de quedar campeones.

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Y como en toda novela hay grandes historias; Andy King (medio) estuvo en el equipo desde tercera división y ha roto marcas quedando campeón con el mismo equipo en tres divisiones distintas. Kasper Schmeichel (portero) ganó la Liga Inglesa a la misma edad, el mismo día y el mismo mes que su padre, Peter, con 23 años de diferencia. Jamie Vardy (delantero) puso en riesgo su carrera profesional por estar en arresto domiciliario a los 20 años. Esto por defender a un amigo sordo al que estaban molestando en la calle, ganó la pelea, pero tuvo problemas con la ley y eso le imposibilitaba salir de la ciudad para ir a partidos de visitante y sólo el modesto Leicester City de segunda división le ofreció un contrato, ahora los grandes de Europa quieren tenerlo en sus filas.

Personalmente amo estas historias de superación y me recuerdan a la gran película noventera Corazón de Caballero, que casualmente coincide y también se sitúa en Inglaterra. William, el niño pobre, quiere ser caballero sin ningún derecho de piso. Debe fingir para competir contra el pesado del antagonista, quien le avienta un gran diálogo: “Has sido pesado, has sido medido y te hallaron defectuoso. ¿En qué mundo podrías vencerme?”. En medio del drama, William recuerda a su padre ciego, que también le avienta otro gran choro: “Si el destino está en las estrellas, ¡cambia tus estrellas!”. ¡Y tómala que el pobre gana! (Creo que lloré un poco).

Pero los milagros en la vida son contados y quiero creer que Jesús, Alá o Shiva están más ocupados solucionando temas más importantes como la hambruna o la pobreza mundial. El resultado de los Foxes se debe a la planeación, balance y demás conceptos típicos de la cultura oriental. Soy un fiel creyente de que la suerte es ese momento exacto en que el talento y la preparación coinciden, y que para estar realmente preparado, el ser humano debe tener un balance entre lo físico, lo intelectual y lo espiritual.

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El dueño de Leicester Lity (Vichai Srivaddhanaprabha) es un multillonario tailandés que compró el equipo en segunda división por 58 millones de dólares, cuando tomó esta decisión, sus asesores le cuestionaron comprar un equipo de segunda pudiendo comprar un equipo de primera. Él respondió que el reto de subir y llevar el equipo a primera división era mayor y tendría por lo tanto mayores beneficios espirituales. Estos beneficios se tradujeron en 48 meses en una gran motivación que tuvo al equipo libre de paradigmas.

Este mismo dueño es un budista ferviente que lo primero que hizo fue llevar a todo el equipo a un templo de meditación a Tailandia, adicional a tener un par de visitas de monjes al estadio de Leicester. Y aquí no debemos dar espacio a la cábala, estas acciones comprometen a toda la organización y les dan la dimensión de formar parte de algo más grande poniendo un propósito adicional a entregar el resultado.

Leicester City no tiene ni tuvo contrataciones bomba; confía en los jugadores que tiene para ganar y esto les dio resultados. Justo sacaron un comunicado de prensa confirmando que ninguno de los miembros del plantel es transferible y que prácticamente son los que son para los siguientes años. Esto genera compromiso y pertenencia, un sentimiento familiar y fraternal que compromete.

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Y financieramente, el amigo dueño hizo un buen negocio típico de multimillonario. Recibirá cerca de 500 millones de dólares por una mínima inversión. Sabe que el negocio no está en vender un par de jugadores, ni en darles derechos a la televisoras, tampoco en que el delantero estrella sea ahora galán de novela. El negocio está en conseguir fanáticos leales alrededor del mundo, en personas que llenen los estadios y quieran tener antes que nadie la playera del equipo. Y eso se consigue generando un lazo fuerte e invisible entre la institución, los jugadores, la ciudad y los fanáticos. Felicidades Foxes, lo lograron.

Siempre he dicho que quiero ver a México ganar un mundial antes de morir, pocas cosas deportivas me darían tanto gusto y felicidad. Sin embargo, veo el cochinero de directivos, dueños y televisoras y ya no sé a qué santo rezar, qué estrellas deben cambiar, me siento orillado a distraer a las deidades para que me concedan el milagrito, pero sé que tarde o temprano se me concederá…

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