The Guilty Code

¿Feminismo? El Macho que Nos Habita

abril 26, 2016 Opinion
Por Anaví Taché (@vioverdu)

¿Cómo fue que llegamos a ser el país número uno en casos de violencia sexual contra las mujeres? Imagino que como todo: echándole ganitas. Dejando que nuestro México y quienes lo dirigen se pudrieran poco a poco, permitiendo que la corrupción, la frivolidad y la enorme diferencia de clases sociales se incrementara. Y como suele suceder en estos casos, la situación se les salió de las manos. ¿Vieron ya este video?

El domingo estuve viendo la marcha a la que asistieron miles de mujeres (varias amigas mías, algunas conocidas, pero en general gente que quiero y respeto) exigiendo a las autoridades y a la sociedad misma que detengan esta ola de machismo y violencia que se gesta en contra de una persona por el simple hecho de ser mujer.

No suelo comprarme los discursos fundamentalistas de ninguna índole, ni me compro las verdades absolutas, ni creo que una persona que no piensa como yo, está equivocada en la vida, mucho menos que sea una imbécil. Vi incluso a varias mujeres que asistieron a la marcha, darse “con todo” en redes sociales porque, aunque defendían la misma causa, no compartían criterios e ideologías y ahí mismo se terminaba el discurso de respeto entre ellas.

Digo esto porque, algo que me llama particularmente la atención, y que me irrita más que el machismo que viene de un hombre, es el que viene de las mujeres mismas. Yo no digo que todas debemos querernos porque somos mujeres, pero digo que debemos de respetarnos, porque somos individuos.

Pienso en esto porque cada día veo esos pequeños actos de violencia que tienen mujeres contra mujeres, por el simple hecho de pertenecer a este género.

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Hace no mucho fui a una actividad invitada por mujeres en una ciudad al norte del país. Llegando al sitio donde daría la conferencia me enteré que una mujer había sido detractora de mi presencia ahí pues se había enterado que yo había “trabajado en una revista que atentaba contra las buenas costumbres”; y me puse a pensar, ¿cuántas veces a lo largo de mi vida he oído decir a alguna mujer que fulanita es una “puta” o “zorra” porque vive libremente su sexualidad?

Durante un tiempo conviví con una familia en donde la abuela, la gran matriarca, no permitía que las mujeres nos sentáramos a la mesa si no habían terminado de comer los hombres, a quienes, por supuesto, las mujeres debían serviles los sagrados alimentos (pregúntenme cuanto tiempo sobreviví en semejante círculo).

Alguna vez me enfrenté también con una mujer no mucho mayor que yo, que argumentaba que si los maridos eran infieles era por culpa de las mujeres que no les daban en su casa lo que debían; y, créanlo o no, también pasé por un divorcio y por el trance de ver cómo mis más cercanas amigas me veían con cara de “uy, mijita, mejor vete a volar a otro cielo porque aquí hay puros matrimonios y tú ya no embonas con el círculo social”.

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Hace no mucho una amiga mía salió con un chico bastante obeso y la hermana de éste le echaba a mi amiga la culpa de la gordura de su hermano (que, no es por chismosa pero podía pasar un día entero jugando Xbox y comiendo cheetos tirado en el sofá), pues “no le cocinaba las cosas que debía para mantenerlo saludable”. De igual modo, más de una vez he oído a mujeres decir que si salen con un galán nuevo, “pidan lo más caro de la cuenta para que vean lo que valen”.

No se trata de mujeres atacando mujeres, sino de personas atacando personas. Creo firmemente que el respeto es un tema cultural, que se cultiva desde casa y cada minuto de nuestra vida.

A título personal, me gusta rodearme de personas que admiro, que tienen una cultura del respeto, del esfuerzo, del trabajo, independientemente de su género o preferencia sexual. Me rodeo de aquellos que no ponen etiquetas a la gente por vivir su vida libremente y que entienden que el respeto y la libertad son ejercicios que se ejercen de adentro hacia fuera.

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Me gusta ver a las mujeres marchar por sus derechos, pero más me gustaría ver que todos los individuos los ejercemos día con día y segundo a segundo, y entendemos que, como dicen que decía el benemérito de las Américas, “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Y tú, ¿a quién juzgaste hoy y por qué?

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