The Guilty Code

El Principado: De cómo disfrazamos la ira de nacionalismo

enero 6, 2017 Opinion, Slider One
Encerrada en mi casa del árbol (es metáfora) en San Jerónimo –donde no saquearon ni a la tiendita de la esquina–, consulté mis redes sociales con horror durante los minutos de descanso que me doy mientras escribo y busco información lujosa, que es mi chamba y que no voy a dejar de hacer.

Por Gabriella Morales-Casas (@gmoralescasas)

Bueno, pues me dio horror ver cómo circulaba “información” sobre dos cosas: saqueos y balazos en TODA la ciudad como reacción a los incrementos de hasta 20 y 24% a los precios de gasolina (#gasolinazo), y por otro lado, una interminable serie de mensajes de odio contra #Ford, tras haber cancelado la construcción de una planta en San Luis Potosí (con una inversión de 1,600 millones de dólares y generación de 2,800 empleos directos y 5 mil indirectos) por presión del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, quien se adjudicó esta decisión en un tuit.

Entre los mensajes leí el de una usuaria de Uber que despreció a su chofer por traer un Ford. Me mato, dije para mis adentros.

La desinformación está canija, pero el borreguismo está peor. Ojo, que los saqueos sí se dieron en algunos sitios y que a nadie nos hizo gracia la noticia de Ford; es cierto, pero de ahí a lanzarnos a decir tonterías o mensajes de odio porque alguien lo retuiteó, está rudo. ¿Qué somos: autómatas, robots, pajaritos de feria, ratones de laboratorio, merolicos o changuitos? Yo no. Ni quiero serlo.

Dicho lo anterior, me parece que las reacciones de boicot hacia Ford por parte de los ciudadanos son, en inicio y hasta cierto punto naturales, un impulso genuino por defender la mexicanidad, el patriotismo y la dignidad ante Donald Trump, un hombre racista que se ha manifestado en contra de nuestro país y que amenaza con “castigar” con altos impuestos fronterizos a las marcas estadounidenses que abran fábricas en México.

Ok. Pongámonos ahora en sus zapatos: el tipo ve por los suyos, nos guste o no, y para cacarearlo se monta un show mediático y publicitario –lo que mejor sabe hacer– ¡y nosotros se lo compramos!

Que Trump sea presidente electo de los Estados Unidos no lo exime de ser un payaso, la investidura no le quita lo ignorante o vetusto al personaje; pero él puede y debe hacer lo que considere mejor para SU país, no para el nuestro, aunque sea errado o nos convierta en daño colateral. Misma historia con las empresas estadunidenses que toman decisiones para SU beneficio, no para el nuestro. No amigos, no puede ser que todo el mundo mundial deba pensar en cuidar/proteger/favorecer a los pobrecitos mexicanos que son limitaditos y no se pueden valer por sí mismos (porque no lo somos, ¿o sí?).

Otra vez: me mato.

Lo que sí es México: un país en desarrollo, históricamente pobre (dije históricamente: “Historia de México” de Lucas Alemán, quizás, sea el libro más añejo de la joven vida de nuestro país, publicado en 1840, donde ya citaba esta frase… Imagínense), somos un país que vive cuesta arriba y que depende en muchos aspectos del vecino del norte, pero también somos un país productivo, espléndido y creativo. Ambivalencias de no pertenecer al G-8, ni modo (o “de pertenecer al neoliberalismo”, diría el analista político John Ackerman).El tema es que muchísima gente se puso muy iracunda o intensa pidiendo un sabotaje a Ford México, como si fuéramos el ombligo del mundo –insisto: como si Ford global tuviera la obligación de favorecernos–, cosa que deberíamos de hacer cuando se trata de los problemas internos (como por ejemplo, los feminicidios, los asesinatos y amenazas a periodistas, la violación de los derechos humanos o las fugas de gobernadores asesinos y ladrones en las narices de todos; digo, son cosas que se me ocurren a bote pronto), en lugar de estar señalando a los niños ricos, güeros y odiosos del salón de al lado.

Aquí el agravante ha sido el momento en que sucede, cuando el país es un polvorín. Mal timing.

Por otro lado, los analistas estadunidenses debaten que Trump solo se colgó de la decisión, como apunta este artículo de The Washington Post.

Parte de esto coincide con lo que dijo el CEO de Ford, Max Fields a CNN, apenas ayer: querían invertir en autos eléctricos y consideran que es mejor opción fabricarlos en su país (The Washington Post afirma que la intelectualidad estadounidense es superior para estos fines) y Ford no necesita tantos empleados en Michigan para lograr la producción prevista en la planta de Hermosillo.

Fields también dijo que esta decisión apela al voto de confianza que les dio Donald Trump para generar empleos en Estados Unidos e invertir en su país, pero aclaró que, “no hicimos un trato con el presidente electo al cancelar la planta mexicana, sino que hicimos lo que es mejor para nuestro negocio”. Aquí la entrevista, con preguntas directas:

Sí, nos da coraje, sí, hiere el orgullo, pero el ego no nos lleva a ningún lado (aplica para todo en la vida, amiguitos). Vamos a cambiar las posiciones: ¿Y si fuera una empresa mexicana la que decide retirar su inversión en el extranjero para invertir en nuestro país? Estaríamos contentos, ¿verdad? Si Ford cedió a las presiones de su presidente electo hay que considerar que las empresas dependen de muchos factores tanto políticos como sociales y económicos para tomar decisiones como esta.

Ahora, cada quién es libre de elegir consumir lo que quiera, pero una cosa es preferir lo nacional y otra boicotear lo demás. Mejor hay que ser es ser proactivos:

¿Por qué en lugar de fijarnos en lo negativo, “no compres”, “no hagas”, “no vayas”, nos centramos en lo positivo: “emprende”, “crea”, “invierte” en suelo/productos/ideas mexicanas? Ah, porque es más fácil fijarse en lo que no tenemos que en lo que tenemos; porque es más cómodo victimizarnos en lugar de buscar crecer desde nuestro interior (también aplica en la vida íntima, amiguitos). Las economías crecen cuando emprendemos y creamos; cuando trabajamos.

Si hay algo que aprenderle a los gringos es esa capacidad de emprender, inventar y mirar hacia su potencial interior. Por esa mentalidad es que son un maldito imperio.

Finalmente, diré, como señala este atinado artículo de Motorpasión, que si Ford México cae, en un hipotético y utópico caso, entonces cae una empresa que en la práctica, es mexicana; es decir, sus trabajadores son mexicanos y serían los únicos perjudicados

Consideremos también que si bien México es un mercado importantísimo para la marca, las ganancias de Ford México no son ni la quinta parte de las ganancias de Ford global, que ocupa el cuarto lugar de ventas en el mundo con 3 millones 117 mil 058 unidades (solo durante el primer semestre de 2016); en México vendió en este mismo periodo 43 mil 702 unidades. Vamos, que un boicot les va a hacer lo que el viento a Juárez. De nuevo: no somos el ombligo del mundo –ni de Ford, ni de Trump–, pero deberíamos ser el nuestro, ¿no?

Así que a la amiga del Uber que mandó de regreso al pobre compa que traía un Ford, le explico: ese coche no es de Trump, ni de Ford global, vamos, ni siquiera es de Ford México, es de ese pobre carnal que está buscándose la vida como puede –como lo hacemos todos– y que no tiene la culpa de nada. Castigar a nuestros connacionales por algo que ni siquiera pasó aquí es injusto. Los negocios son negocios, Ford global ve por su cartera, como nosotros por la nuestra. Así de simple:

Mejor fijémonos en lo que sí ha traído Ford: 8 mil millones de dólares de inyección económica, 9 mil empleos y la producción de más de cinco productos distintos en cinco plantas de todo el país, en una empresa que tiene 92 años en México, como tantas otras.

¿Que a ustedes les vale gorro eso y que muera Ford? Bueno, es su decisión, pero no veo a nadie con su Mastretta por las calles de la Ciudad de México ni conozco todavía a un ingeniero del IPN o del Tec presentando la primera marca de autos mexicanos con tecnología del nivel de Mercedes-Benz, o de perdida, de un compacto económico.

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