The Guilty Code

En México, Igual de Bien, Igual de Mal

julio 27, 2015 Opinion
Por GABRIEL BAUDUCCO (@GabrielBauducco)

Lo diré antes de empezar: no soy economista. Pero sí soy un ciudadano común, que va al supermercado a comprar lo que comerá en la semana, que paga servicios, que no vive en la pobreza pero forma parte de la cada vez más estrangulada clase media.

A la gente como yo y como la mayoría de los que leerán esto, hay una sensación que les crece cada día: el dinero alcanza cada vez menos. Quienes hoy ganan lo mismo que ganaban hace tres años (que son millones, porque muchas empresas no aplican ni si quiera el ajuste de ley. Ahí les hablan Secretaría del Trabajo), ellos bien lo saben. Y por más que Agustín Carstens –el Gobernador del Banco de México– diga que la subida del dólar no actuará en la inflación, la verdad es que los precios del supermercado dicen lo contrario. Y el mismo Carstens sentencia que “el mundo está por ingresar en un periodo turbulento”. Pues agárrense fuerte, porque a mí me parece que ya nos hemos zangoloteado bastante. Y el dólar a 16.50 y el euro a 18.05 sí han empujado un incremento en muchos precios y, por cierto, algo anda mal cuando los bancos te prestan dinero al 25% de interés pero te pagan tasas de apenas 4% cuando les das a guardar el tuyo. Vamos, ya sabemos que no son hermanitas de la caridad y sabemos también que un mercado en el que los bancos pagan grandes sumas por el dinero guardado a plazo fijo no genera ninguna otra cosa más que especulación, pero… la brecha es enorme.

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Y no son ideas mías. Literalmente, el peso mexicano está en su valor más bajo histórico.
A eso hay que sumarle que el jueves pasado CONEVAL –el Consejo Nacional de Evaluación de Política de Desarrollo Social– nos dijo lo que ya sospechábamos: en los últimos años, ha crecido el número de pobres. Claro que también ha crecido la población del país, sí.

Y si no debemos leerlo como un deterioro generalizado en la calidad de vida de México, sí podemos saber que no hemos mejorado, tanto como quisieran decirnos. Entonces, aunque los mexicanos en pobreza extrema (con al menos tres necesidades básicas insatisfechas) han disminuido levemente –muy levemente–, la verdad es que 46.2 % de la población está por debajo de la línea de bienestar. Más de 50 millones de personas. Es impresionante la minuciosidad con la que son capaces de medir y diagnosticar. Como impresiona de la misma manera la lentitud con la que se operan los cambios.

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Ahí van muchos priístas a demeritar la calidad profesional de la medición de CONEVAL. Ahí van los opositores a ensalsar al mismo organismo. Pero ambas cosas son, al final, posturas políticas. Ninguno de los bandos está realmente preocupado por la gente, que lleva décadas en las mismas. Casi igual de bien, casi igual de mal. El verdadero asunto es que hay millones de personas que necesitan soluciones a sus problemas más elementales y que, claramente, nadie se las está dando.

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