The Guilty Code

Españoles por el mundo

marzo 16, 2017 Opinion
A los españoles nos encanta quejarnos. Eso es un hecho. Y también lo es que nos encanta negarlo.

Tras vivir en unos cuantos países y recorrer alguno más, he decidido finalmente aceptar esta realidad. Ya puede ser un “joder, qué caro es el café en Vietnam, ni que fuera Europa” o un “vaya mierda de carreteras en Camboya”. Todo es susceptible de queja para los españoles. Y con tono indignado.

Por Luis de Cristobal (Instagram: @asiallavoy / Facebook fb.com/luisdecristobal)

Como buen español cuando llegué a vivir a México me quejaba de todo. De su tranquilidad, informalidad, maneras. Pero si había algo que me molestaba especialmente era que no se quejaran tanto. Que les parecieran bien las cosas que… ¡que no estaban bien!. Tan sólo era reflejo de que yo consideraba que todos debemos quejarnos. “Todos debemos ser españoles”, debía yo pensar para mis adentros.

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Pues sí, amigo protestón, la vida es una mierda. Y sí, amigo optimista, la vida es maravillosa. Ambos tenéis razón. Es indignante lo caro que puede ser un café en Ho Chi Minh. También es maravilloso poder tomártelo ahí. Buscas aventura en Camboya pero pretendes encontrar una Autobahn a la alemana. “No mames, wey” dirían en México.

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Baroja y Cela dijeron que el nacionalismo se cura viajando. Yo no estoy de acuerdo, sigo viendo cientos de compatriotas indignados con que en las comidas en China haya arroz en vez de pan, o con que no hablen en inglés. ¡¡Cómo si fuéramos un país bilingüe!!

Tuve la oportunidad hace unos días de cruzarme — en las montañas de Vietnam — con chicos de distintos países mientras practicábamos senderismo e hicimos un gran grupo. El factor común a la queja lo vi reflejado en una cosa: la buena calidad de vida. Los que provenimos de países donde tenemos prácticamente garantizado el bienestar (aunque cada vez menos), amamos la queja. Nada es suficiente.

Así que desde aquí hago un llamamiento a los españoles por el mundo a disfrutar, enriquecerse y apreciar lo que ven y lo que tienen. Nuestros abuelos tenían mucho menos a su alcance y… ¡jamás he oído a mis abuelas quejarse de lo que han tenido!

O mejor, hago el llamamiento a todos los que se quejan. Empezando por mí… pues al fin y al cabo…me estoy quejando de vosotros.

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