The Guilty Code

Espejito, quién es la más…¿bonita?

julio 8, 2015 Opinion
Por Sagrario Saraid (@ssaraid)

En esos momentos imaginas que todo mundo te ve, que cuando hablas nadie pone atención a tus palabras, sino a tu barro parlante, que juras que a lo lejos se te nota y que ese enorme barro es casi un tumor a la vista de todos.

Eventualmente te miras frente a un espejo y te das cuenta de que no era para tanto; que sí, que el barro sigue ahí, pero se nota menos de lo que tú imaginas. Bueno esa sensación es conocida profesionalmente como Transtorno Dismórfico Corporal (TDC) o en inglés Body Dysmorphic Disorder (BDD).

Pues resulta que este desorden todos lo hemos vivido, como con el barro. En la adolescencia puede ser que se acentúe más cuando los bruscos cambios físicos llegan sin avisar y nos sentimos incómodos. A mí me pasó: un día amanecí con mis inocentes 10 años y era copa C de brassier. –¡¿De qué me hablan?! Y ¿esto cómo se carga?– Yo no quería salir a la calle, juraba que todo mundo me veía como un fenómeno. Cuasimodo era guapo a mi lado. Me tapaba con ponchos aunque hiciera calor, me la pasaba brazos cruzados y empezar a usar brassiere, era como un instrumento de tortura que se me encajaba en mi ser. ¡Ay cómo sufrí!

Transtorno

Por suerte, mi TDC me duró poco, un par de años más tarde ese atributo que Dios me había mandado me dio mucha popularidad entre los chicos de la secundaria. Después todas terminaron de desarrollarse y la sensación pasó. Pero eso sí, hoy varios están agradecidos y celebran esta bendición que me fue otorgada.

Esta narración para demostrar que aunque a todos nos ha pasado, hemos sobrevivido a ese que a veces nos parece una gran defecto, aunque no lo es. Es sólo una característica de nuestra personalidad.

Uma Thurman, es el caso opuesto, todos la vemos como una Amazona en Kill Bill soltando patadas, volando inmaculada en una toma en cámara lenta y la mayoría podríamos decir que es una mujer preciosa, pero aunque ustedes no lo crean ella no se repuso al TDC de la adolescencia y creció sufriendo por muchas de sus cualidades. Que si muy alta, que si muy narizona, que si muy fea, que si muy bocona, que si muy flaca, que si parece Vitola (eso lo digo yo). En fin, ella ha reconocido públicamente padecer esta enfermedad. No me imagino la pesadilla e inseguridad de estar a cuadro imaginando que tienes una nariz peor que la de la bruja de Blanca Nieves.

UmaThurman

Nadie se libra, todos tenemos una parte de nuestro cuerpo que siempre nos tiene inconformes, pero aprendemos a vivir con ella. Sin embargo el TDC vuelve al ruedo con fuerza una vez entrados los años. Agárrense. Porque finalmente ese bendito tesoro llamado juventud ya no juega a favor y, entonces, los defectos o lo que creemos lo son, cobran vida y empezamos a hacer de todo para defendernos del tiempo. Por vanidad, por inseguridad, por TDC, por lo que quieran y manden, pero empiecen a escuchar cómo en las cajas registradoras de los cirujanos plásticos y clínicas de belleza, empiezan a sonar las monedas cayendo con todo y júbilo cual máquinita de Las Vegas.

Recientemente Uma Thurman se dejó ver transformada. Pobre, nunca nos creyó que era preciosa y ya se metió mano, ganó el TDC. Renée Zellweger es el caso más comentado, tan sorprendente como lamentable. (¿Qué fue de mi Bridgite Jones?). Ella también manifestó que nunca se había sentido cómoda con su cara redonda, soñaba con tener un rostro afilado como el de Yaffar, (el malo de la película Aladín de Disney).

ReneeZellweger

La hermosa Catherine Zeta Jones, ya también sucumbió. Muchas no se han resistido. Pero la nota de la semana, se la lleva  Meg Ryan, que de bonita pasó a Wasón y de Wasón a…otra.

Son sus cuerpos, su caras y ellas pueden hacer consigo mismas lo que se les dé la gana. Pero como su fan, no dejo de lamentar su cambio porque las voy a extrañar. Entiendo que ellas se extrañen más a sí mismas cuando se miran al espejo y no son más esa Roxie Hart y Velma Kelly del musical Chicago, pero ahora que son otras, tampoco creo que se dejen de extrañar.

Quien padece TDC de manera severa y por largos periodos (años, no se pongan histéricos) tiene una gran tendencia al suicidio. Los altos niveles de presión social por lucir de esta u otra forma no ayudan mucho. (Luego andamos llenos de bulímicos y anoréxicos). Y por otro lado ahora se suma la presión de las redes sociales, en donde hacerse una selfie es el pan de todos los días. Y es que naaaaaadie publica su foto sin siquiera pasarla por un filtro, lo que equivale a una cirugía plástica exprés, eso sí, más barata. Entre las apps más descargadas están obviamente las redes sociales, le siguen la música y las de fotografía que ahora no sólo ofrecen filtros y efectos, sino retoque. Sí cual photo shop.

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Las mexicanas no estamos lejos de lo que sienten las famosas hollywoodenses. Porque no es que no tengamos para pagar una cirugía, lo que pasa es que no somos tan famosas como ellas.

Este 2015 México se rankeo como el tercer lugar en la realización de cirugías plásticas a nivel mundial. ¡Tercero! Se realizan 800 mil procesos quirúrgicos estéticos al año y sigue a la alza. El primer lugar se lo lleva Estados Unidos, le sigue Brasil, luego nosotros. Lo más pedido en México: aumento de busto (¡yeah! ya me ahorré ese gasto), le sigue la lipo (ummmm voy a seguir intentando con el gym), después la cirugía facial, (sí para estirarte la cara), la rinoplastia y ahora el injerto de cabello en los hombres. O sea, desde jovencitas que piden de regalos a sus papis unas boobs; papás y mamás que intentan recuperar los años de juventud con nuevo pelo y nueva talla; y las abuelitas que se quitan sus arrugas. Todos están haciendo fila.

Las cirugías plásticas dejaron de ser impagables y ahora todo mundo puede hacer un ajuste por aquí, otro por allá. Súbele, bájale, auméntale, quítale. Hoy todos podemos ser perfectos cual escultura griega. El mercado creció en los últimos 20 años en un 80%.

Cirugias

Estoy a favor de la cirugía, pero me sorprende que seamos el tercer lugar mundial en la materia, ¿de plano si nos sentimos muy feos? Me espanta ver que no estamos sabiendo discernir la información que recibimos y no podamos distinguir siquiera entre una campaña de publicidad y la vida real.

Lo cierto es que la cirugía no se hereda, así que a las nuevas generaciones, las caras de mexicanotes no se las podrán ahorrar, no sería mala idea revisar el tema y fijarnos en qué les enseñamos a nuestros niños. Porque pobres, con los maestros que no les dan clases por irse a marchar, ellos que se ven y no se parecen a sus papás por lo operados que están y luego ser medio apestados porque ahora tener hijos ya es tan mal visto como fumar. Criaturitas. No seamos así.

Yo no sé si un día me voy a operar algo, no lo sé, pero si el tiempo me juega en contra y me opero y me empiezo a parecer a la Duquesa de Alba, deténganme, yo haré lo mismo por ustedes.

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