The Guilty Code

¡Feliz día, mulitas!

mayo 26, 2016 Opinion
A mi hija Manuela, porque por ella, mi Federica y mi Matías –sí, son míos– no encuentro mayor razón por la cual darle infinitas gracias a Dios por las cosechas y abundancia recibidas en el “cultivo y arar de la vida”.

Por Kitzia Nin Poniatowska (@Kitzia_Nin)

Cuando mi mamá era una niña y la Segunda Guerra Mundial estaba por terminar, mi abuela, la “mexicana” Paula Amor de Yturbe, casada con Jean Poniatowski, decidió que París, Francia, y en consecuencia toda la Europa devastada, no era lugar propicio para que dos niñas de escasos 10 y 9 años crecieran, pues ¿qué clase de vida podrían tener en un país arrasado por las atrocidades de la guerra?

En contra de la voluntad y opinión de mi bisabuela, una mujer estadounidense de San Francisco, California, llamada Elizabeth Sperry, matriarca de cepa, siempre se despedía de sus hijos, nueras y nietos con un “God bless you”, les enseñaba a mi mamá y mi tía Elena fotografías de africanas desnudas del National Geographic: “See, children, this is Mexico”… Aun así, abuela, mamá y tía se embarcaron en el “Marqués de Comillas” rumbo a México en busca de un mejor futuro para las pequeñas princesitas. Mi abuelo las alcanzaría un año después.

elena poniatowska kitzia

A su llegada no encontraron mujeres desnudas ni mujeres negras con los pechos al aire; en su lugar descubrieron un sinfín de tradiciones como las gorditas de masa envueltas en papel de china, los danzantes cascabeleros –a los cuales mamá, al son de taca-taca taca-taca taca-taca se les unió y siguió el paso en su visita a la antigua Villa de Guadalupe hoy la Villita– saltando con más brío y pisando tan fuerte que el suelo retumbaba más que los mismos cascabeles: “Miren a la gringuita!”. Mamá, demasiado concentrada en mantener el ritmo, en otra ocasión les hubiera aclarado: “Ninguna gringa, ¡soy mexicana!”.

También descubrieron la celebración del jueves de Corpus Christi, 60 días después del domingo de resurrección de la Semana Santa. El jueves previo al domingo de Pentecostés se celebra hoy, hoy, hoy, en honor al cuerpo y sangre de Cristo en la Santísima Eucaristía (ni hablar de la antropofagia, sin ninguna falta de respeto, solo comento).

¿De dónde viene esta tradición, cómo es que llega a México?

dia de las mulitas 1

Fue la madre y abadesa Juliana de Lieja XII, del convento de Mont Cornillon, Bélgica, quien empezó la tradición de conmemorar un día en especial a la Sagrada Eucaristía. El 8 de septiembre de 1246, Jacobo Pantaleón ungido como el Papa Urbano IV formalizó la celebración a la orbe.

El libro de mis recuerdos, de Antonio García Cubas, narra la procesión que arrancaba de la puerta poniente de la catedral metropolitana y hacía un recorrido por las calles de San Francisco y Plateros, circundando las calles del Centro Histórico hasta llegar de regreso a la Plaza Mayor del zócalo y entrar por la puerta principal de catedral entre alfombras floridas y feligreses que acuden desde sus comunidades a dar gracias por los frutos y la cosecha recibida.

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Es común, en las comunidades rurales, que los campesinos lleven a sus yuntas a ser bendecidas para garantizar una buena cosecha.

La leyenda de Ignacio cuenta que un joven, quien cuestionaba su vocación sacerdotal (cuando duda, no hay duda digo yo), reflexionaba: “Si Dios existiera hasta las mulas se arrodillarían”, cuando en ese preciso momento una mula cargada se arrodilló… ¡Cuando te toca, ni aunque te quites!

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Así pues, es como llegamos al día que también se celebra el santo de los Manueles y las Manuelas, en el que los padres llevan de la mano a sus hijos pequeños vestidos en trajes típicos de “inditos de campo”: camisa y pantalón de manta, sombrero de paja, paliacate y hasta un bigote pintado, alguno que otro de charro. Las niñas llevan faldas con listones de colores, blusas con holanes, collares de cuentas redondas y brillantes; también van de chinas mexicanas y chinas poblanas. A las afueras de la iglesia, los artesanos venden sus mulas elaboradas en madera de Tule, de barro, de vidrio soplado y de hojas de maíz decoradas con flores, artículos de barro, como cazuelas y jarros, guacales cargados de semillas y de pasta para sopa de colores. Las más pequeñas, infaltables, montadas en alfileres para la solapa del saco o del vestido. Mi papá llegaba un jueves como hoy a la casa con un manojo de mulitas a la vez que nos decía con su carita sonriente: “Feliz día, mulitas”, mientras nosotros, mis hermanos, la nana y yo, esperábamos a que se nos entregara nuestra mula. Así, hoy fui temprano a misa más por tradición que por convicción, porque si algo he aprendido es que no necesito interlocutor ni mediador para dialogar con Dios, compraré estas delicadas piezas de artesanía y las obsequiaré con todo cariño a mis mulas consentidas.

¡Feliz día, mulitas!

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