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Hermès y el Maltrato a Animales

agosto 5, 2015 Opinion
Por Sagrario Saraid (@ssaraid)

La serie “Modern Family”, es el claro ejemplo de cuánto han cambiado la estructuras familiares. México no está lejos de ello, pues cada día son más las personas solteras o en pareja que deciden no tener hijos, o tener uno como máximo, lo cual coloca a las mascotas en un sitio privilegiado, pues cada día hay más perros y gatos (entre otros) que fungen como un personaje más de la figura familiar. Estos peludos integrantes gozan de beneficios inimiganinables; desde un collar al puro estilo Swarovski, camas de plumas de ganso, croquetas orgánicas y todo lo que se pueda inventar para fomentar y aprovechar este boom que beneficia a los cuadrúpedos y a los empresarios.

“En México viven 23 millones de perros y gatos, cifra que supera la cantidad de niños menores de nueve años, que es de 19.7 millones, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. La cantidad es similar a la de habitantes del estado de México y del Distrito Federal” dijo La Jornada en 2011, y si entonces los números ya iban a la alza, imagínense ahora.

Mascotas

Personalmente he visto cómo mis amigos pueden alterar horarios, fines de semana, viajes, todo en función de las necesidades de sus mascotas. ¡Hasta el salirse de una fiesta! Comprensible y respetable. (A mí no me da el corazón para tener una mascota, no por maldad, sino porque me parecería terrible dejarlo encerrado en casa mientras yo gozo de la vida). Mi punto es: por qué tantas personas que conozco, que besan a sus perros en la boca, duermen con ellos, mueren de ternura con cada gracia, les inventan una voz imitando su personalidad, gustan del consumo de piel de otros animales.

Claro que metida en este negocio del lifestyle, me ha tocado ver varias bellas manos de manicure perfecto, esmalte de uñas rojo Chanel, adornadas en la muñeca con una bella pieza de alta relojería que presume su correa alligator, acariciando su perro pomeranian. Y yo pienso “qué absurdo amar tanto a un animal y traer otro muerto como ornamento”.

Que si las pieles de animales ¿son bellas? ¡Por Dios! Son milagrosas, divinas, hermosas. Basta portar una para sentir que las puertas del estilo y poder se abren para darte paso solo a ti. Pueden convertir a cualquiera de mendigo a millonario. Son, por alguna truculenta razón en nuestra cabeza primitiva, aun signo de victoria. Como aquellos cazadores que a manera de triunfo vestían la piel del animal que habían capturado para satisfacer su necesidad básica de comer.

Pieles

Ahora no es preciso salir sigilosos por nuestra presa, afortunadamente ya está refrigerada en el super esperando por nosotros. Pero lo que es absurdo es que sigamos criando animales, solo para beneficiarnos de sus pieles y seguir sintiendo ese poder que da el haber conquistado y aniquilado otra vida. Loco ¿no?

Sí, sí, sí son bonitas las pieles, pero no es lógico, no es coherente, no hace sentido que en pleno siglo XXI nos dejemos gobernar por ese bajo instinto. ¡No está bien! Es tan ruin como si los que no tenemos mascotas, portáramos un bolso de la piel de sus amados perros o gatos. ¡Qué somos, ¿hijos de Cruela de Vil?!

No se me aceleren, no todos los que tienen mascotas consumen pieles de otros animales, ni todos los que no tienen no las consumen. Hay de todo, pero trato de explicar el punto con cariños tan entrañables como los de las mascotas.

PetaHermes

Recientemente se ha crucificado a la marca francesa Hermès, por su icónica y famosa bolsa Birkin en la versión piel de cocodrilo. Este divino accesorio femenino fue bautizado así en honor a la actriz y cantante británica Jane Birkin.

La Birkin, ha sido calificada como la bolsa más famosa y codiciable de los últimos tiempos, más que la 2.55 de Chanel o el Speedy de Vuitton (son otros bolsos caballeros). Ha sido portada por celebridades de talla internacional que van desde las más sofisticadas niñas bien, hasta las más mal portadas como Lady Gaga, Kate Moss o Kim Kardashian.

Hace unos días PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) ha publicado una investigación que muestra las lamentables condiciones en que viven los cocodrilos de las granjas de la marca francesa Hermès y, lo peor, la manera en que se les da muerte.

“Después de enterarme de la crueldad con la que se masacran cocodrilos para producir el bolso de Hermès que lleva mi nombre, he pedido a la marca que cambie de nombre al modelo hasta que existan mejores prácticas que respondan a las normas internacionales de producción”. Con estas palabras, Jane Birkin expresaba en un comunicado difundido por PETA su deseo de que Hermès rebautice el icónico bolso.

Por su parte Hermès, máximo exponente de las marcas de lujo, ha emitido un comunicado para expresar su posición ante la petición de la cantante y actriz. “Jane Birkin ha expresado su preocupación respecto a las prácticas de sacrificio de cocodrilos. Sus comentarios no influyen de ningún modo en la amistad y la confianza que hemos compartido durante muchos años. Hermès respeta y comparte sus emociones y también estamos sorprendidos por las imágenes difundidas recientemente. Hemos puesto en marcha una investigación en la granja de Texas implicada en el video y cualquier incumplimiento de las normas será rectificada y sancionada. Hermès quiere dejar claro que esta finca no les pertenece y que las pieles de cocodrilo suministradas por ellos no se utilizan para la fabricación de bolsos Birkin. Imponemos a nuestros socios los más exigentes estándares de tratamiento ético de los cocodrilos y durante más de diez años hemos organizado visitas mensuales a nuestros proveedores. Controlamos sus prácticas para que cumplan las normas de sacrificio establecidas por expertos veterinarios, por Fish and Wildlife (una organización federal estadounidense para la protección de la naturaleza) y por las normas establecidas en la Convención de Washington de 1973, que define la protección de especies en peligro de extinción”.

Tener una Birkin no es sencillo, la espera de tiempo promedio para hacerse con una es de cinco años y los costos pueden llegar a los 50.000 euros (1 millón de pesos), siendo, por supuesto, los modelos de piel de cocodrilo los más caros.

El debate está a todo lo que da. Manifestantes protestan en contra del consumo de pieles y los grandes de la industria de la moda, como Karl Lagerfeld dicen “Es muy fácil decir no a las pieles, no a las pieles, no a las pieles, pero es una industria. ¿Quién pagará a todos los desempleados si desaparece el negocio de la piel? Aquellas organizaciones que están en contra de ella no son Bill Gates”, afirmó el diseñador al The New York Times.

Y también tiene su punto, pues estas casas de moda han vivido de manera millonaria a expensas de sus diseños y versiones exóticas de lujo. Parar la producción de este tipo de productos significa una pérdida enorme en sus ingresos, y para esos mismos que tienen un perro que pasean por la colonia Condesa, y que son emprendedores, saben lo que también significa sostener un negocio.

Como también es de notar que los dinosáuricos cocodrilos no se han extinguido gracias a esta demanda, como los toros de lidia que “sobreviven” gracias a la fiesta brava. Porque la verdad a la mayoría de los humanos, si no nos sirven, nos da igual que se extingan. ¿Cuántas especies no hemos perdido ya?

Al final, me parece que Hermès y muchas marcas siguen con este hábito de usos y costumbres, porque para las mujeres de antaño, esto de usar pieles estaba bien. Era chic, era nice. Era el mejor regalo que un hombre podía hacer a una mujer. Y eso se convirtió en un gran ingreso para las firmas y siguieron replicando el éxito. Las mujeres y hombres de ahora, quiero pensar, vemos las cosas de manera distinta y apreciamos la vida, propia y ajena, de otra manera, pero aún quedan unos cuantos desperdigados del rebaño.

Porque todo mundo golpea a Hermès con este escalofriante y repugnante video, pero de quién es la culpa ¿de la marca o de quien la sigue comprando?

Hay responsabilidades compartidas en esta tragedia que muestra los intereses más viles del ser humano: el dinero como móvil corporativo para justificar el interrumpir la vida de animales, y el poder como muestra de liderazgo y enriquecimiento al poseer un accesorio de estos.

Es hora de alcanzar al 2015 y ponernos al día. Las firmas de tanto abolengo como Hermès, tal vez deberían de aprovechar las ventajas de la tecnología para producir materias primas que imiten estas pieles. Y eso de ninguna manera anula el trabajo artesanal con el que se realiza cada bolso y que es uno de los patrimonios de las casa de marcas de lujo de este tipo. Y a los consumidores, nos toca dejar de comprar. Esto es simple, demanda-oferta-demanda.

Quedan muchas pieles de vacas, becerros, cabras, borregos que sí nos comemos, aprovechémoslas. También son bonitas. Y no tan caras.

Y no empiecen a hablar de ser vegetarianos, por favor, un tema a la vez.

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