The Guilty Code

HIJOS DE LA… CULPA

mayo 8, 2015 Opinion
Por Gabriel Bauducco (@GabrielBauducco)

– Oiga, doctor: ¿no habrá una pastilla para la culpa?

– Es que si la hubiera, sería como instalar una fábrica de asesinos seriales. ¿Se imagina cómo sería la sociedad si nadie sintiera culpa por nada?

Mi conversación con el psiquiatra (sí, sí, pasé por el psiquiatra, pero no se espanten, ya me dejan andar suelto), no llegó a ninguna parte ese día. Porque, claro, cualquiera que haya pasado por el largo proceso del psicoanálisis, sabe que la culpa es EL tema… muchas veces.

Gabriel2

La cuestión es que parece que la culpa no es tan mala como la pintan. Tiene mala fama, pues, pero nada más. Y resulta que en dosis mas o menos moderadas, nos salva de cometer algunos actos de barbarie, de esos que se le cruzan a uno por la cabeza de vez en cuando.

En teoría, la culpa es esa emoción que la mayoría de la gente experimenta al romper ciertas reglas. No importa si esas reglas son leyes o un acuerdo que uno hizo con sólo una persona mas. Peor todavía: a veces, la culpa aparece ante el sólo pensamiento de aquello que ni siquiera ha sucedido aún.

Digo “en teoría”, porque no funciona de la misma manera para todo el mundo. De hecho, diría que hay algunas profesiones en las que la culpa parece haber desaparecido del diccionario. ¿Qué profesiones? Los políticos, por ejemplo.

Muchos de ustedes lo recordarán: hace unas semanas fue noticia que en el lanzamiento de la campaña de Silvano Aureoles como candidato del PRD para gobernador en Michoacán, hubo varios helicópteros rentados por poderosos del partido, para asistir al evento. Pues bien, tengo una noticia para darles: no sólo los perredistas lo hacen.

Bastará con revisar los gastos de campaña de varios partidos para descubrir que ustedes y yo hemos pagado con nuestros impuestos los viajes en helicópteros y aviones privados de varios candidatos en estas elecciones. Ni siquiera lo ocultarán: “lo pondremos como gastos de campaña”, me dijo el otro día uno de esos a los que les pagamos el sueldo, la comida y la existencia de bon vivant. “Es que a veces no sólo es para ahorrar tiempo, también es por seguridad”, le oí justificarse.

Y Javier Gándara Magaña, candidato del Partido Acción Nacional al gobierno de Sonora, pagó con recursos electorales la renta de un avión del cual es dueño, según reportó el portal sinembargo.mx. O sea: yo quiero ser gobernador, tengo un avión, y le cobro una renta al partido para usar mi propio avión. ¿No le pierde, candidato?

Visto de una manera estrictamente empresarial, resulta obvio que no violan ninguna ley. Pero… violan algo mucho más vasto que eso: nuestra confianza. Y –vamos– no es que los políticos sean el grupo de personas a las que la sociedad les entrega su mayor confianza, pero parece que ellos están dispuestos a acabar con cualquier vestigio de semejante capital.

Gabriel3

¡Cínicos!

Nosotros podemos (y no nos queda más opción que…) andar por las calles y las carreteras de México, pero ellos nos sobrevuelan, con aires de superioridad.

Nosotros pagamos por nuestras comidas, a ellos se las pagamos nosotros (como ha quedado claro en infinidad de oportunidades, cuando facturas de costosos restaurantes fueron publicadas).

Nosotros enfrentamos a la ley (y a su falta de cumplimiento), cientos de ellos tienen fuero.

Únicamente para azuzar el enojo de nuestros lectores como el mío, diré lo obvio: no crean que alguno de ellos siente culpa alguna. Nosotros seremos hijos de la culpa, pero todo indica que ellos no, eh. Ellos no.

The Guilty Code

Simple Share Buttons
Me declaro culpable de la belleza, moda, noticias, fashion y looks