The Guilty Code

Historias de Limón: Mala Suerte

junio 3, 2016 Opinion
Supongamos que es usted una orgullosa –y muy modesta– directora de escuela pública en Comitán. Supongamos que, importando poco su edad, sus naturales achaques, sus problemas graves de salud y, sobre todo, que usted no tenga responsabilidad directa en el conflicto magisterial, cuya urdimbre corrupta y ponzoñosa queda absolutamente fuera de su alcance, un niño idiota de playera amarilla y un grupo de personas exactamente de la misma calaña que aquel, la someten, junto con otros colegas, a una humillación inconmensurable.

Por Eduardo Limón (@elimonpartido)

La rapan, ofenden su dignidad de maestra y ciudadana con derechos y garantías constitucionales (además de derechos humanos universales) y la obligan a vivir por el resto de su vida con el recuerdo horrendo de aquel día, rodeada por los miembros de la comunidad que la vejó y peor: cerca, muy cerca del niño idiota que le arrancó el cabello a tijeretazos mientras no paraba de reír.

Supongamos que en otro país, prácticamente en cualquier otro país civilizado y genuinamente democrático, policía bien capacitada irrumpe antes de que ese horror ocurra e impide, con la firmeza de la justicia, que esos recuerdos –con los daños que traerán– queden para siempre anclados en su memoria.

Pero una parte de esta historia que debería ser ficción no es un supuesto. Y lo que debería ser supuesto no es ficción. Lamento mucho informarle, querida señora de la tercera edad a la que no conozco más que por su rostro tristísimo aparecido esta semana en todos los periódicos y noticieros, que nadie va a ayudarla a restituir su orgullo y dignidad de persona profundamente dañada. Nadie. Usted nació en un país donde la ley ya no existe, y donde la componenda política es, desde hace ya décadas (muchas décadas) verdaderamente poderosa. Mala suerte.

Supongamos que es usted un ciudadano común y corriente que quisiera, de verdad quisiera, ir a votar este domingo 5 de junio. Supongamos que en realidad le gustaría sentir empatía por un candidato en específico o por un partido político aceptable. Supongamos también que las propuestas chafísimas y la guerra de lodo asqueroso entre esa clase de partidos y personas, más los 9.5 millones (sí, millones) de spots que esos mismos partidos políticos repitieron y repitieron y repitieron no lo saturaron y aburrieron: usted sale a votar y se encuentra con que el resto de sus amigos y familiares no lo hicieron, sencillamente porque no resolvieron el terrible enigma de saber para qué diantres serviría su voto. Supongamos. Caray, otra vez: una parte de esta historia que debería ser ficción no es un supuesto. Y lo que debería ser supuesto no es ficción. Usted nació en un país donde la corrupción en política lo es todo, donde la izquierda más retrógrada amenaza con el populismo más barato y donde la oposición articulada e inteligente vive en el absoluto desamparo. Mala suerte.

Spots_Elecciones

Supongamos que a usted le gustaría escribir de otras cosas. De la novela gráfica de Peter Kuper que ha estado leyendo, que casualmente se llama Ruinas y es una verdadera maravilla, pero no puede. Quisiera escribir del gato que ronronea amodorrado en su regazo, soñando que sus piernas –muy flacas– son el colchón más esponjado. Pero no quiere. Prefiere volver a decir lo que siente tratando temas oscuros donde, al final resuelve, la suposición no miente porque es realidad. Una realidad espantosa que le puebla el subconciente.
Mala suerte.

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Eduardo Limón. Es periodista cultural. Colaborador en W Radio, puentes.me y Canal 22.

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