The Guilty Code

Kike Arnal: Voz en la mirada

Kike Arnal registra su visión del mundo y de nuestro país por medio de imágenes. La fragilidad de la existencia, la cultura y la naturaleza le permiten explorar y dejar un registro gráfico de cómo la sociedad cambia a cada momento.

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Por Gabriela Rentería

Fotografías Kike Arnal

La mirada lo puede descubrir todo. Pero, definitivamente no todos los ojos tienen el mismo diámetro de enfoque; hay quienes vislumbran diferentes realidades sobre un mismo objetivo. Desde el inicio de la historia de la fotografía, las imágenes se han definido como una exploración de los rastros de la memoria del mundo. Así se han capturado momentos cruciales, históricos y millones de historias de la humanidad. cada día, un ejército de fotógrafos en todo el mundo sale a la caza de los rostros y escenas que nutran las páginas de los diarios y del inagotable Internet. Sin embargo, esas imágenes comienzan a parecer un tanto desechables, la tecnología nos lleva a un nivel en donde todo sucede muy rápido. Lo que hoy parece importante mañana mismo puede estar en el olvido. Pero, afortunadamente, todavía está ahí la forma perdurable de guardar imágenes del mundo que vivimos.

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La fotografía documental, con ese lado emocional que la caracteriza, es un arte inagotable que respira de las historias añejadas o nuevas, de nuestros días. “Todo se reduce a la curiosidad. Si le das rienda suelta a la curiosidad y encima tienes la posibilidad de explorar el mundo, tendrás resultados e imágenes inesperadas”, dice Kike Arnal, fotógrafo y documentalista venezolano que ha dedicado su vida a dejar un testimonio fotográfico de la fragilidad de la naturaleza y la cultura. Así, su trabajo, clásico con mucho peso en la fotografía en blanco y negro, resulta un amplio espectro de la condición humana y de los elementos naturales que de alguna manera viven al límite o en riesgo de transformarse o desaparecer. “Realizo proyectos que me planteo desde la génesis, pienso mucho en el tratamiento visual que quiero darles, y solo me concentro en temáticas que son de mi interés y que se centran sobre todo en la humanidad y la conservación.” Más allá del sensacionalismo, ese que de repente se esconde tras muchas de las imágenes más poderosas que podemos ver a diario, Kike ha encontrado a lo largo de su prolífica carrera un sentido distinto de su oficio. Por medio de su trabajo busca rescatar del olvido a personajes, y pasajes naturales que fácilmente podrían perderse entre la avasallante información que existe en nuestros tiempos.

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“Mis temas abarcan a una parte de la humanidad que siempre está en el filo; aspectos sociales que se encuentran en situaciones frágiles. temas profundos que generen información y puedan transformarse en un sentido positivo”, dice el fotógrafo que vive en San Francisco. En los últimos diez años, Kike ha viajado por más de 35 países. En cada uno ha encontrado historias que le cuestan tiempo y persistencia. “Todo depende de dónde viene uno y hacia dónde va. Yo me relaciono con los temas de una manera no sensacionalista. Si bien tengo un compromiso como fotógrafo interpretando lo que veo, tengo también una responsabilidad conmigo mismo. Soy fiel a lo que siento y a lo que me motiva para producir mis imágenes y vivir esas experiencias. Cuando me aproximo a los temas intento intimar con las personas con las que colaboro. Uno debe de crear una conexión con la gente o con la naturaleza que después queda grabada en la cámara.”

VERNOS DESDE FUERA

Kike Arnal visitó México por primera vez en 1998 y quedó fascinado por la multiplicidad cultural y natural. “México son muchos países en uno solo. Desde la primera vez que visité este país me sentí conectado con la tierra, con la gente, con sus culturas. Es una nación muy generosa. Es fascinante cómo pueden cambiar los paisajes. Su variedad geográfica es increíble, pero lo es más su diversidad cultural”, opina.

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Y en estos años el venezolano ha venido realizando disímiles e interesantes proyectos culturales. Su visión no contaminada por la cotidianidad le ha permitido plasmar trabajos desde su más remota esencia y así, de alguna forma, redimensionar la mexicanidad. Tal es el caso de su libro “Voladores”, publicado el año pasado por la Fundación Mary Street Jenkins y que captura de una manera sin antecedentes este ritual tan conocido en nuestro país, pero a la vez tan poco valorado. “Los vi volar por primera vez en el bosque de Chapultepec, quedé fascinado y quise saber más. Viaje a Papantla, Veracruz, de donde supuestamente son originarios y ahí fue cuando supe que había muchos más voladores en la Sierra de Puebla. Pasé cuatro años visitando las regiones poblanas donde se practica este ritual”. El resultado es esta publicación, artística nunca turística, que da cuenta de una tradición compleja, en hazañas pero también en su fundamento religioso, del centro de nuestro país.

“El término extranjero debería de utilizarse con mucho más conciencia y respeto. Hay una sensibilidad neutra cuando uno ve las cosas con una prudente distancia, ese beneficio que te da no estar involucrado emocionalmente con el lugar que visitas. Es un fenómeno que nosotros, los hijos de extranjeros en EU conocemos muy de cerca, y que en el tema del arte se dimensiona de una manera impresionante. Ver lo que no todos pueden ver porque su vista está empañada por la realidad de todos los días”, dice John Idelfonso, catedrático de arte en la Universidad de Los Ángeles.

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Los Voladores son ese ejemplo perfecto de cómo la visión de afuera le da un contraste de peso a la cultura. Pocos son los mexicanos que saben que son cinco estados, 52 poblados, tan solo en el estado de Puebla donde se practica esta danza. Como son unos cuantos los que se detienen a ver el mundo de la cultura transexual en la Ciudad de México, otro proyecto en el que Kike invirtió años de investigación y que se ve reflejado en un libro que se publicará este mes por medio de la Fundación The New Press. “De nuevo pareciera complicado entender por qué una persona puede fotografiar realidades tan diferentes con intenciones de agotar el tema, pero para mí esta es una población en peligro, que vive en el borde. Por eso relaciono este trabajo con la parte de conservación.”

EL OJO ES EL OJO

Y el talento no se pelea, se tiene. un fotógrafo debe tener un ángulo, una voz en la mirada que lo distinga y que no viene incluida con el manual de una cámara aunque esta tenga la mayor cantidad de pixeles posibles. “Es como ser cocinero, puedes tener las mejores cacerolas, los mejores cuchillos, incluso los mejores ingredientes, pero si no tienes la sazón, entonces no hay nada que hacer”, dice Arnal, un apasionado viajero del mundo.

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