The Guilty Code

La Fortaleza de la Soledad

mayo 13, 2016 Opinion
Superman y Vito (el gato de nuestro culpable columnista), tienen en común un lugar personalísimo en donde pueden refugiarse; estas Historias de Limón versan sobre ambas fortalezas.

Por Eduardo Limón (@elimonpartido)

Nunca sabremos –por lo menos, nunca sabré, ya que jamás leí entrevista alguna en la que se los preguntaran– cómo fue que a Jerry Siegel y Joe Shuster, los creadores de Superman (ese personaje al que por cierto tan mal le ha ido en su paso reciente por el cine, ámbito que, paradójicamente, le ha hecho muy poca justicia) se les ocurrió la idea, ciertamente hermosa y de gran calado poético, de diseñar para su personaje kriptoniano un lugar que, aislado del resto del mundo, sirviera a Kal-el para refugiarse en medio de cualquier crisis personal ¿se lo imaginan?: un refugio apto para meterse ahí cuando las cosas estuvieran saliendo mal, y a la vez un artificio que permitiera dotar de mayor rango intelectual la figura de Superman. El hermoso nombre que sus creadores concibieron para ese lugar fue el de Fortaleza de la Soledad. Sublime.

Ubicada en el Polo Norte, la Fortaleza de la Soledad es el sitio en el que Superman puede darse el tiempo que quiera para reflexionar y mirar el mundo al que pertenece a distancia. La de cosas que pensará Superman cuando se mete en su grandiosa, gigantesca, Fortaleza de la Soledad.

limon-superman

Traigo todo esto a cuento, pues en el microcosmos que integran las piezas cotidianas que forman mi vida y mi hogar hay un gato. Güero como él solo, guapote como suelen ser los gatos de arrabal y singular como son todos los gatos de la Tierra en general. A éste, que por el momento es mío (y en realidad es de alguien muy amado), le da por meterse debajo de la cama cuando algo no sale como lo esperaba, o de plano marcha mal. Llego de malas a la casa y el gato lo percibe, él corre y se oculta debajo de la cama. Lo estoy moliendo demasiado con caricias y arrumacos el día que hace mucho calor, y parece decirme “ya chole” mientras se desliza por debajo del tambor. Juegos demasiado pesados, ahí va el pobre Vitto (que así se llama el gato de mi predilección) a esconderse debajo de la cama. Incluso, si detecta en las visitas a alguien que no ama a los gatos, ahí va Vitto corriendo, a ocultarse del mundo en su zona inalcanzable. Debajo de mi cama, Vitto tiene su propia Fortaleza de la Soledad.

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Lo miro este día, que por alguna razón extraña se halla oculto bajo el rincón más apartado de mi recámara (¿hartazgo, calor, pereza o simple momento de reflexión?) y pienso lo mucho que yo quisiera tener también mi propia y personalísima Fortaleza de la Soledad: que ya hay cuádruple Hoy No Circula y el ambiente está igual o peor, correría a ocultarme debajo de la cama. Que Vicente Fox se pone muy machín en contra de Donald Trump y luego inexplicablemente le pide las más sentidas disculpas, a deslizarme debajo de la cama. Que la Ley 3 de 3 no va a pasar nunca, ahí está un lugar para mí debajo de la cama. Que lucho todos los días y a veces no se resuelve nada, tengo mi lugar: oscura y aislada Fortaleza de la Soledad.

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Pero los sueños que a mí me toca soñar y las pesadillas que diariamente tengo que enfrentar pasan, todas, por la superficie de la realidad. Si Vitto quiere, él cabe debajo. Si yo quiero, sencillamente no tengo lugar. Ya me imagino al gato arañándome con la furia que en el lenguaje de los suyos significa “¿y tú qué te tráis?”.

Me agacho y fisgoneo debajo de la cama. Al fondo miro al gato solo, reflexionando con melancolía sobre algún problema de la actualidad. Y lo envidio. Hay días como estos en los que me gustaría tener mi propia y apartada Fortaleza de la Soledad.

***

Agregado culposísimo: No fui a ver a Leo Bassi, el gran maestro cabaretero, quizá el mejor del mundo. Un compromiso previo me desvió de El Vicio, el grandioso teatro-cabaret propiedad de Las Reinas Chulas donde la noche del jueves se presentó.  Por cierto, hablando de cabaret, la semana entrante anunciaré algo relacionado con el final de mi historia del atropellado, que tiene que ver con lo alcanzado gracias a las firmas recabadas durante mi temporada de denuncia teatral en Microteatro. La cosa nuevamente incluye una obra pequeñita y ahora añade la amabilidad precisamente de El Vicio y de Las Reinas Chulas. También incluye un avance en la legislación ciudadana. Ya les contaré.

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Eduardo Limón. Es periodista cultural. Colaborador en W Radio y Canal 22.

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