The Guilty Code

Linchamientos en México: Las manos con sangre

mayo 30, 2016 Opinion
La justicia por propia mano y el “placer” que muchos mexicanos encuentran en la barbarie. México es mucho más que el lado oscuro de una sociedad encerrada en su ira.

Por Gabriel Bauducco (@GabrielBauducco)

Hace seis días, un hombre y una mujer fueron linchados por pobladores de Santiago Atlatongo, en Teotihuacán. Los vecinos aseguran que tres personas que merodeaban la zona eran secuestradores. Los agarraron, los llevaron a un kiosco y comenzaron a golpearlos, durante varias horas. Con sus propias manos, mataron a dos de ellos.

Dos días después, en el Estado de México alguien aseguró que un hombre en un Tsuru quería secuestrar a una muchacha. El hombre que lo vio consiguió impedirlo. Lo llevaron a la comisaría. Y como la respuesta de la autoridad no fue la que esperaban, prendieron fuego el Tsuru. Nada, comparado con lo que pudo haber sucedido. No ha pasado una semana aún, pero sigue siendo imposible determinar si las dos personas que murieron primero eran en realidad, o no, secuestradores.

Algunos de los pobladores, realizaron bloqueos para evitar la llegada de las autoridades policiales y militares. Querían, pues, justicia por propia mano y que nadie interviniera en eso. Como resultado de ese enfrentamiento, hay 18 detenidos.

Pero quiero volver al asunto de la justicia por propia mano. México no es el único pueblo que tiene casi tradición en el linchamiento, pero sí es un pueblo que con particular abundancia lo practica.

Me he preguntado antes qué emociones empujan a quienes, sin más, deciden matar. Cada vez que pongo este tema sobre la mesa, la respuesta que más recibo tiene que ver con el hartazgo de la gente, con la falta de confianza en las autoridades, con la inacción de quienes deberían impartir justicia y no lo hacen. Lo de la justicia siempre queda, al final en segundo plano, porque en muchos casos ha sido imposible probar la culpabilidad de quienes fueron linchados y en otros, incluso, se ha probado que eran inocentes. Basta con revisar el caso de octubre pasado, cuando en Puebla dos fueron asesinados y resultó que no se trataba de secuestradores sino de encuestadores.

IntentoLinchamientoTsuru

Entonces las preguntas vuelven a brotar sin control. Hay gente más dispuesta a ejercer la violencia con la excusa de la justicia por propia mano (lo que está expresamente prohibido por el artículo 17 constitucional) que a la justicia en sí. Usualmente, decenas de personas (a veces cientos) participan en estos hechos. ¿Se trata de actos de solidaridad, de muchos a favor de una víctima que no llega a serlo porque el pueblo la “rescata”?

Mientras los hechos de Teotihuacán estaban todavía en marcha, pregunté en Twitter si aquello era justicia o barbarie. El 56% contestó que justicia, el 44% pensó que se trataba de un acto de barbarie.

Me voy a permitir proponerles un ejercicio truculento. Independiente de la buena ética o moral y honestidad de los jueces, todos sabemos quiénes son los impartidores de justicia de la nación, cómo se llaman, dónde estudiaron, qué edad tienen, dónde despachan. Son figuras públicas, pues.

En cambio, los que participan de los linchamientos, en muchos casos cubren sus rostros. Y no sólo eso, “condenan” a muerte a los supuestos delincuentes que nunca reciben un juicio. De más está aclarar, la pena de muerte no existe en México.

Me pregunto si quienes creen que es justicia (lo justo es siempre inapelable, honroso) estarían dispuestos a enfrentarse a una persona desvalida (delincuente o no, está en una situación de minoría) y la patearía primero, varias veces, en el abdomen. Después en la cabeza, específicamente en la cara. Y enseguida se agacharía un poco para tomarla por el cabello y azotarle la cabeza contra el piso, varias veces. Con sangre en las manos, y probablemente también un poco en la propia cara por causa de las salpicaduras, seguiría así un buen rato, hasta que el “delincuente” esté muerto.

Todo eso, mientras una o varias cámaras de televisión lo registran, como sucede en varios juzgados.

¿Estarían dispuestos? ¿Sería algo de que estuvieran orgullosos? Pues eso es lo que para muchas personas, se parece a la justicia.

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