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Los Viajados: Los estadios de fútbol en México según los aficionados

marzo 8, 2017 Actualidad, Exclusivas, Slider One
El aficionado es el alma del fútbol, y por ello es mejor que ellos nos describan los estadios de fútbol en México. Pasión, sangre, alegría, dolor. Dentro de estos palacios pasa el mundo entero, y todo se vive en tan sólo 90 minutos.

Por Vino Lukaniko para www.losviajados.com

Estadio Nemesio Diez, casa de los Diablos Rojos del Toluca
El Nemesio Díez, ese pequeño estadio que cada domingo de partido se convierte en un infierno. Un estadio que ha acogido a grandes figuras del fútbol azteca. Pasan por mi memoria los nombres de José Saturnino Cardozo, Vicente Sánchez, Sinha, Cristante, entre muchos otros. El Nemesio Díez es la casa del club con mas campeonatos de liga en los últimos 20 años, un estadio donde la cercanía entre afición y público es tan estrecha que la tribuna y la cancha arden en un círculo del infierno. El Nemesio Díez fue recién remodelado dándole un estilo europeo, moderno, pero sin perder las tradiciones de este antiguo templo.

Esteban Garrido, aficionado del América

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Estadio Azteca, casa de los Águilas del América
Si quieres hablar del estadio más importante en la historia del fútbol mundial, tienes que hablar del Azteca. Arlindo rompió la virginidad del arco del Coloso de Santa Úrsula, aquel 29 de mayo de 1966, inaugurado por el Club América y el Torino de Italia con un empate a 2. Primer estadio en la historia en ser sede de dos mundiales (1970,1986) viendo así consagrarse a los dos máximos exponentes en la historia del balompié: Edson Arantes Do Nacimiento (Pele) y Diego Armando Maradona.

Casa del equipo más ganador del fútbol mexicano, el América. Sede de torneos oficiales de la FIFA como la Copa Confederaciones, Mundiales de categorías menores, Libertadores, Interamericana, CONCACAF, casa de la NFL en México y es considerado por la FIFA como un autentico Patrimonio Histórico a la Historia del Futbol Mundial desde el 2008. El Azteca te derrumba cuando lo ves por primera vez, el Azteca asalta tu mirada cuando pisas su tribuna, y como bien representa su nombre, el Azteca es un guerrero que impone al ver la inmensidad de 87,000 personas aunadas a la pasión del deporte mas hermoso del mundo.

Eduardo “Melvin” Palma, aficionado del América

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Estadio Ciudad Universitaria (CU), casa de los Pumas UNAM
Los altares semíticos se elaboraban con montones de piedras como testimonio y recordatorio divino. Pero las piedras, también. Ellas solas, cantan y cuentan sus historias en tradiciones viejísimas, como los primeros seres que atestiguaron los grandes cataclismos al inicio de los tiempos. Algo así se siente al ingresar por los túneles al altar de piedra de Ciudad Universitaria, algo de condición engendradora de emociones primarias y de vidas que giran alrededor de un balón. Algo de guarida de felinos orgullosos en el corazón del Pedregal al sur de la capital mexicana: lugar de apagados volcanes.

Acorde con su naturaleza universitaria, la tradición de la juventud, el entusiasmo y la vitalidad se funden en el rito donde los pies hacen artesanías que le están prohibidas a las manos: bienvenidos al taller de fantasía que hizo Hugo, Cabinho, Tuca y tantas glorias pasadas y futuras. Algo hay de sana rebeldía en este ovalo con su pista de atletismo y los 93 escalones que remontan al agridulce sabor de los Juegos Olímpicos de 1968, el año en que todo cambió para el México moderno: aquí se trata de pensar con los pies en los mismos terrenos de la máxima cuna de ciencias y humanidades. El altar de piedra, hecho de cantera, de cemento, de césped tiene dos polos –el palomar y el pebetero-, civilidad y barbarie, instinto y reflexión, greña y filosofía compartida donde la comunidad de feligreses ilustrados y brutales se une en un mismo grito: “¡Goooya!”, sin importar el resultado. Es día de fiesta, ritual de domingo bajo el sol citadino a mediodía, entre aroma a tacos, cervezas heladas y un libro prestado de la Biblioteca Central. La bandera aurizaul ondea, el himno suena y brota el rugido. Porque los altares de piedra cantan, como lo hacen los hombres que juegan a ser dioses de carne y devotos de raza y espíritu.

Adán Medellín, aficionado del Atlas

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Estadio “El Volcán”, casa de los Tigres UANL

La vieja frase de Eduardo Galeano “No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie”. Jamás será aplicada en el Volcán, a pesar de ese estilo de juego parecido a una hamburguesa con queso y papas fritas; se convierte en la mejor experiencia que puede existir en nuestro país. El amarillo y azul de amalgama perfectamente en este lugar donde no existen clases sociales y los mudos dejaron que asistir hace mucho tiempo. Sólo existe el diagnóstico de locura que tiene su epicentro en la gradería norte del coloso de San Nicolás de los Garza, Los Libres y Locos tienen la batuta y dirigen la orquesta, toman el control de miles poniendo garra y corazón en cada canto, cada manta, cada gesto imborrable que viajan sin retorno hacia el rectángulo verde y te das cuenta que es la misma película, el mismo platillo monótono aburrido pero siempre efectivo, y prefieres volver a tomar lápiz y pluma para aprender los cánticos, los gritos, los rituales del estadio para estar listo y volver dentro de 15 días y ser uno más de Los incomparables, un tigre con aguante.

Fernando Garay, aficionado de las Chivas

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