The Guilty Code

Marvel: ¿Superproducir o sobreproducir?

julio 15, 2015 Opinion
Por Jorge Eduardo Morales (@Jorge_E_)

Recuerdo esa sensación cuando ibas a una fiesta y esperabas con ansias el momento de la piñata. Ya te frotabas las manos esperando el montón de dulces que te ibas a ganar y a devorar. Luego, cuando ya tenías tu botín en un cono de piñata a reventar de Miguelitos, bombones, frituras y paletas, probabas uno o dos y el interés se perdía al paso de unas horas. Eso pasaba por conseguir más de lo que se deseaba.

Así mismo me siento con la sobreproducción de películas de Marvel. Antes, ya urgía ver la nueva de IronMan o de X-Men y me emocionaba esperando el verano para ver las nuevas aventuras de Spiderman. Incluso, hasta veía las anteriores antes de irme al cine, para refrescar la memoria en cuanto a las historias y líneas del tiempo. Ahora, el intrincado rompecabezas del Universo Marvel volvería una tarea titánica (o muy de “nini”, con eso del exceso de tiempo libre) ver toooodas las películas interrelacionadas para estar al día con el nuevo lanzamiento. Imagínate: digamos, para ver la nueva película del Capitán América, habría que ver dos películas previas de él mismo, más tres de IronMan, más dos de Thor, más dos de Avengers… Safo, ya no estoy en edad de esas cosas.

Hoy en día, ya hasta pierde uno la cuenta de cuántas cintas de Marvel se estrenan solamente en un año. Esta semana, por ejemplo, tenemos el lanzamiento de Ant-Man. Y, en dos semanas más, el reboot de Los 4 fantásticos. Y eso que hace poco tuvimos Avengers: Age of Ultron (¡Ya déjenme vivir!).

Sobre el estreno de esta semana, Ant-Man, por lo menos es una historia en la que estamos empezando de cero. Aunque en el cómic Ant-Man es uno de los miembros de los Avengers, en la historia que se adaptó al cine, este pequeño héroe quedó fuera de la entrega. Por tal motivo, ingresa al universo cinematográfico como una historia independiente (tan “independiente” como se le pueda llamar a las historias de Stan Lee) y que no habíamos visto en pantalla grande hasta ahora (o, al menos, que yo recuerde). Así que si no estás inmerso en este mundo, esta película es una buena oportunidad para hacerlo.

La película narra la historia de un científico que le pide a un exmalechor convertirse en el usuario de un traje especial que reduce a su portador a un tamaño ínfimo, como una hormiga, gracias al trabajo de la compresión de átomos.

Además, el traje posee un casco con el que se puede tener comunicación telepática con hormigas y otros insectos. Estas cualidades convierten al sujeto en el agente perfecto, pues con la reducción del tamaño, su fuerza crece exponencialmente, lo que le permite infiltrarse y pelear en terrenos enemigos. Con el clásico humor Marvel, la película promete buenas escenas de acción, chistes bien incluidos y un reparto que incluye a los actores Paul Rudd (galán bien conocido de Hollywood), Evangeline Lilly (Lost y El Hobbit) y hasta el primer actor Michael Douglas como el científico Hank Pym, inventor del traje de Ant-Man.

Como este es un héroe no tan popular como Batman, El Hombre Araña o Wolverine, en la calle he escuchado –sobre los espectaculares y pósters diseminados en la calle– comentarios aleatorios como: “¿Y ese superhéroe chiquito, qué?”, “¿Es como el Chapulín Colorado cuando se toma la chiquitolina?”, “¿Ant-Man? ¿Es una parodia de algo, verdad?”. Yo creo que hay que darle la oportunidad porque no siempre el tamaño es lo que vale…

Y si después de verla te quedas con ganas de más de héroes y fantasía, el 8 de agosto llega la nueva versión de Los 4 fantásticos. Algunos años después de ver a una rubia (¡!) Jessica Alba y a Chris Evans antes de ser el Capitán América (bien lo decía yo: un día se iban a juntar las historias y la Antorcha Humana iba a tener un encuentro con su hermano gemelo perdido de más de 80 años de edad), esta serie vuelve con un elenco nuevo –y mucho más joven– que incluye a un Antorcha Humana nuevo y de raza negra. El villano vuelve a ser el temible Dr. Doom. Esta no es una continuación de la serie anterior sino, como pasó con Spiderman, vuelve a comenzar desde cero, tal como piensan hacer con X-Men. Otra oportunidad de adentrarte en la esencia Marvel sin mucho esfuerzo.

Tengo sentimientos encontrados. Mi espíritu cinéfilo me grita que corra a verlas, pero por otro lado –tal vez mi vejez, digo, mi “madurez”– me dice que solo estamos alimentando un monstruo que nos está aventando películas sin ton ni son y, como en todo, mientras mayor es el volumen, menor es la calidad.

Me gustaba más la época cuando me frotaba las manos esperando romper la piñata. La expectativa siempre es más sabrosa que el recuerdo o la propia experiencia.

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