The Guilty Code

No a los supermercados; sí a la comida orgánica y local

junio 19, 2017 Opinion
Hoy les voy a contar una experiencia personal, casi una revelación. Momentos en la vida que, aunque a priori parezcan de limitada importancia, con el tiempo se muestran fundamentales.

Hablemos de la importancia de comer bien para nuestra vida.

Por Luis de Cristobal (@luisdecristobal)

Y sucedió hace aproximadamente dos meses, cuando estaba de viaje por Colombia. De todo ello ya está en mi Guía de la Alimentación Sustentable en The Guilty Code. Pero primero permítanme ponerles en antecedentes.

Hoy tengo 32 años y hace aproximadamente 10 que empecé a sufrir problemas gástricos de diferentes índoles. El estrés de quien empieza a emprender muy joven, con todo lo que acarrea, desveladas, malas costumbres alimentarias y, por aquel entonces, medicación descontrolada, recetada por traumatólogos, para mis dolencias de espalda.

Poco a poco y a lo largo de estos años he ido encontrando mis métodos para no sufrir los efectos secundarios de la hernia de hiato que me detectaron hace cuatro años. Y es que si hay algo que tengo profundamente claro en la vida, es que las enfermedades o dolencias son sólo el efecto de causas que debemos encontrar, enfrentar y combatir. Es por ello que, en primer lugar, llevo 6 años sin tomar medicinas, salvo cuando sufrí influenza tipo b hace un año.

Pero más importante aún han sido mis cambios en la alimentación. Hace unos cuantos años dejé la carne de res. Posteriormente eliminé los fritos de mi vida. Luego el pollo. Digamos que hace algún tiempo que alcancé una dieta que podríamos denominar pescetariana, es decir basada en vegetales, semillas, frutas, legumbres, huevo, pescados y mariscos. Y ocasionalmente algún lácteo, casi inevitable por accidente. Con todo ello conseguí evitar, en un 90% de las veces mis dolencias gástricas, ardores y malestares.

En Colombia, país cuya gastronomía popular es alta en grasas animales saturadas y azúcares, tuve una horrible tarde de ardores que supuso, curiosamente, una gran revelación alimentaria. Me di cuenta que para evitar mis problemas de una vez por todas debía hacer dos cosas: no pisar nunca más en mi vida un supermercado y que tenía que comer (en la medida de lo posible) sólo alimentos locales y orgánicos.

Y dirás, ¿qué pintan en todo eso los supermercados? Existen muchos factores por los que creo que nadie debería pisarlos. En primer lugar, sus estantes están llenos de alimentos procesados, con aceites hidrogenados, conservantes, colorantes, azúcares y un montón de cosas que darían para escribir una biblia. En segundo, somos débiles ante el marketing y la publicidad, por lo que creo que debemos evitar la exposición a ofertas, colores, empaques y todo tipo de estimulantes sensitivos. En tercer y último lugar, porque la procedencia de esos productos es, en muchos casos, dudosa. Si consumimos lo más local posible, beneficiamos a productores locales que cuidan más lo que hacen, con una gran repercusión para el medio ambiente.

He encontrado un proveedor de una cooperativa del Estado de México que me trae una bolsa de verduras y frutas orgánicas, leche orgánica de almendras y coco, huevos camperos, legumbres y semillas, una pescadería que me sirve pescado fresco a casa y, lo poco más que pueda necesitar, en abarrotes locales de mi colonia.

Los resultados: cero dolencias, cero ardores, cero agruras. Puedo hacer deporte durante horas y mi sudor no tiene mal olor, incluso prácticamente uno puede eliminar los desodorantes. He perdido peso. He ahorrado dinero. Me siento con más energía y más feliz. Tengo más tiempo disponible. Conozco la historia de los productores de lo que compro y me identifico con su proyecto.

Hoy, como orgulloso mexicano de adopción puedo decir, que compro local, mexicano, responsable y sustentable. Intento aportar cada día ese granito de arena al sistema en mi función como consumidor. Es por ello que, como les decía, pronto voy a sacar la “Guía de la Alimentación Sustentable” de la Cudad de México.

Pero lo mejor de todo: yo me siento mucho mejor. Y eso, para quien ha sufrido 10 años, es una auténtica bendición.

The Guilty Code

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