The Guilty Code

PRD, el nuevo gran botín político

julio 18, 2016 Opinion
Ahora resulta que el alicaído PRD se ha convertido en la cereza del pastel y tanto Morena como PAN le coquetean.

Por Gabriel Bauducco (@GabrielBauducco)

Nada es para siempre. Y vaya que de eso han aprendido a la velocidad de la luz las tribus del Partido de la Revolución Democrática. Hasta hace unas semanas los todopoderosos chuchos del PRD (esos que se alinean detrás de Jesús Zambrano y Jesús Ortega) juraban que lograrían frenar la llegada de Alejandra Barrales –hasta hace unos días, Secretaria de Educación local– a la presidencia del partido. “Es una buena chica, pero no la veo presidiendo el partido”, me dijo uno de esos hombres que están muy alto en el escalafón del PRD.

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Pues bien, con el paso de los días, los chuchos fueron perdiendo fuerza y no es secreto que el no afiliado Miguel Ángel Mancera logró meter un gol de media cancha, al operar “de lejitos” la elección del partido. Varias preguntas oportunas: ¿Tanto Zambrano como Ortega ven flaquear aquellas habilidades que antes los hicieron superiores o simplemente saben mejor que nadie que una batalla no es la guerra? ¿Esta señal debe ser leída con seriedad por aquellos que ven en Mancera a un hombre con poco músculo político? ¿Qué pensará El gobernador de Michoacán, que hace apenas un mes, al ver las aspiraciones presidenciales de Mancera decía: “Primero que se afilie”? Ahí tienen, sin siquiera afiliarse es capaz de poner al presidente del partido.

Nada es para siempre. Nada, ni siquiera los odios, al menos en la política, donde el bien superior no es la revancha sino el poder. Y vaya que lo ha dejado claro Andrés Manuel López Obrador hace unos días, cuando dijo que “si se portan bien” evaluará la posibilidad de una alianza con el PRD para las elecciones del 2018. Y eso, dicen, ha puesto nervioso a Ricardo Anaya, el presidente del PAN. Los de Acción Nacional daban casi por hecho que irían con el PRD en casi todo (muchos dicen que no coincidirán en un candidato presidencial). Y ahora, con López Obrador haciendo ojitos desde el Movimiento de Regeneración Nacional, Anaya se apurará a reunirse con la recién nombrada presidenta Barrales. De todas formas, todo indica que hay muchas más posibilidades de un acuerdo entre PAN y PRD que entre PRD y MORENA.

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Nada es para siempre, pero en lo que dura en la presidencia del partido (hasta completar el mandato al que renunció Agustín Basave, el segundo dirigente consecutivo que se va antes de concluir su período) Barrales dejará cerradas las negociaciones para el 2018, muy probablemente. Pero antes las del 2017, cuando se renueva, entre otras, la gubernatura del Estado de México. ¿Conseguirán con su fórmula aliancista arrebatarle el bastión priísta, como lo hicieron en Quintana Roo?

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