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Selfie Sticks, la Paranoia de Narciso

Documentamos todo lo que hacemos: desde la comida que estamos por almorzar, hasta nuestros más extravagantes viajes. Tomar fotos se ha tornado en una práctica común (y constante), pero las selfies —junto con los selfie sticks— deben parar.

Por @SocialGeek_Mx

A inicios de este año, los fanáticos del futbol vivieron una extraña prohibición, algunos estadios comenzaron a prohibir la entrada a los aficionados que portaban uno selfie sticks, “motivos de seguridad”, era el argumento principal para esta medida. Pocos meses después, muchos de los museos más importantes del mundo —cuna de la cultura— se unieron al veto bajo la premisa de que los distraídos visitantes ponían en riesgo las piezas ahí exhibidas. Ahora, es cuestión de tiempo para que lo que parecía el invento del siglo, finalmente descanse en paz donde pertenece: el basurero.

Y el problema no es tanto con al artilugio en si, sino con el idiotismo que éste representa: la noción de que necesitamos de un falo que nos acompañe por la vida para que ningún preciado momento quede en el olvido. La gran solución para los forever alones y demás viajeros solitarios.

Sí, comprendo que en cuestiones prácticas el selfie stick resuelve una problemática clara —al menos para los que tienen los brazos cortos—, pero quienes los utilizan me parecen igual de ridículos que aquellos que deciden hacer fotografías con un iPad o tableta de tamaño superior al de un celular. Simplemente hay algo de absurdo en la escena, y no me refiero precisamente a los retratados.

Pero el asunto de las selfies cada día se sale más de control. Redes como Instagram nos han convertido a todos en “fotógrafos profesionales” dispuestos a saturar la red con imágenes de comida, alas de avión y demás paisajes clichés. Apenas hace unos días, un muy poco brillante ciudadano de Tennessee de nombre David Karnauch fue arrestado por las autoridades gracias a una foto que subió a sus redes sociales en las que infringía la ley al estar trepado en las vigas del Puente de Brooklyn.

SelfieStickKarnauch

Sin ir mucho más lejos, durante la estancia de la exposición temporal de Yayoi Kusama en el Museo Tamayo, algunos simpáticos decidieron tomarse fotos invadiendo una de las instalaciones más famosas de artista japonesa. La respuesta en redes sociales contra estos personajes fue reprobatoria, pero esto es solamente un índice de la obsesión que vivimos por capturar todos los momentos de nuestro día, hasta aquellos en los que hacemos algo indebido (y no me refiero a lo que sucede en la recámara).

Nos retratamos constantemente para demostrar lo divertida y emocionante que es nuestra vida, que a veces perdemos el sentido de que está pasando frente a nosotros. El colectivo artístico liderado por Justin Crowe lanzó hace un par de meses el “Selfie Arm”, un objeto que critica la necesidad de aparentar en las redes sociales y la constante ansiedad por aparecer acompañados incluso cuando no lo estamos.

Las selfies no son una moda pasajera, tampoco son un invento de esta década, pero últimamente se han convertido en el síntoma de una sociedad en crisis.

SelfieStickArm

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