The Guilty Code

Terapia Criminal

junio 19, 2015 Opinion
Por Amalia Mejía @Picho143

Por lo tanto, a quienes no están locos, no les gusta el teatro. Pero, ¿quién no está loco? Así que, si no te gusta el teatro, no significa que no estés loco, simplemente no te has dado cuenta de ello. ¡Ve al teatro, eso te ayudará a reconocer tu nivel de locura. Te aclaro que no te va a quitar lo loco, porque al teatro… ¡Le gustan los locos! …y a los locos… ¡Les gusta el teatro!

Esto no es un juego de palabras, es la realidad, en el teatro se convive sanamente con la locura y se exhibe sin pudor, mientras que afuera, en el mundo real, peleamos por dominarla o por lo menos nos esforzamos en disimularla. “El loco se cree cuerdo, mientras que el cuerdo reconoce que no es sino un loco”: William Shakespeare.

En el teatro la locura se mira con la benevolencia que afuera le ha sido negada, ahí el término “loco” es una palabra lúdica y no despectiva, muchas veces se le asocia con la osadía creativa. Ha sido tema favorito de los padres del teatro; porque la locura es la vida misma, por ejemplo: En el teatro de la Grecia antigua, la locura ni siquiera tenía explicación científica, psiquiátrica, genética o neurológica. La locura era el resultado del conflicto entre divinidades, quienes no se enfrentaban directamente entre sí, sino que lo hacían a través de los seres humanos. En esa concepción, la locura era algo invasivo y por ser de origen externo todos eran propensos a padecerla. Lope de Vega, entre los años de 1586 y 1605, escribió 15 comedias en las que los locos tienen un papel protagónico. Shakespeare plaga su obra de locos, de amor, de poder, por conveniencia, hasta por diversión. Lo mismo ocurre con Molière que con sus personajes desquiciados ridiculiza a la alta sociedad de su tiempo y Strindberg quien sufría esquizofrenia en carne propia, condición que permeó su obra.

Blanche

Volverse loco por amor, resulta la acción más heroica y la menos criticable; parafraseando a Shakespeare: El que no ha hecho locuras por amor es que no ha amado. Y en un parlamento, Romeo define al amor como “una locura sabia”. El teatro defiende el derecho de los locos a estarlo, pero, sobre todo, a disfrutarlo; se les aplaude, se les justifica, se les comprende y acepta, no hay condenación para ellos, porque todos los locos son humanos y todos los humanos son locos.

El Teatro llega a plasmar con letras doradas las frases de los locos: “To be or not to be, that is the question” o “Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños” frase que pronuncia la dulce Blanche, personaje de “Un tranvía llamado deseo” a punto de ser internada en un hospital psiquiátrico. Tenemos evidencia de que los psicólogos quieren al teatro… El Rey Lear ha sido motivo de varios análisis y Hamlet sirvió a Freud y Jacques Lacan para ejemplificar y justificar sus posturas psicoanalistas. Pero el teatro, ¡No quiere a los psicoterapeutas!

Esta semana asistí a dos magníficas obras: “Terapia” y “Criminal” que son ejemplos claros de ello. Ambas historias son muy diferentes entre sí, pero las dos comedias inteligentes ponen en tela de juicio los decires y los quehaceres de los terapeutas. ¿Quién es el paciente? ¿Quién necesita más del otro? ¿Un título profesional en psicología garantiza la capacidad para llegar a los recovecos de la mente y arreglarlos?

Criminal, de Javier Daulte, utiliza el eslogan “¿Hasta dónde crees que llegarías por amor?” pregunta por demás provocativa, ¿Te la has hecho? Te sugiero que busques en los confines de la locura (si es que tiene límites). Protagonizan esta puesta en escena Arap Bethke, Moisés Arizmendi, Fernanda Borches y Juan Martín Jáuregui, y la interpretan en un perfecto equilibrio, aunque la obra tendría el pretexto para perderlo; dan vida a una pareja con un vínculo destrozado y la loca relación que sostienen con sus analistas. ¡Sin duda la recomiendo! Sé valiente y pregúntate qué tan sana es tu relación, y si la terapia puede ser una alternativa para mejorarla. Y qué mejor que hacerlo entre risas. La reflexión que me deja esta obra es: ¿El objetivo de una psicoterapia es la solución de estos problemas? o sólo ofrece al paciente el efímero placer de ser el centro de atención por una hora a la semana, y si me permiten usar términos teatrales, la sesión sirve para que “paciente-actor” tenga público asegurado, rol que funge el terapeuta, que se ve obligado aunque no le guste, a presenciar relatos de una vida que al mismo protagonista le parece poco interesante. Citando uno de los textos de la obra: “¡El objetivo de la Terapia es crear egoístas hasta la obscenidad!” ¿Será?

Criminal

En cuanto a “Terapia”, de Martín Giner, estelarizada por los espléndidos actores Héctor Berzunza y Roberto Beck, podemos presenciar cómo juegan con la realidad, logran confundir la percepción del espectador que ha estado creyendo por mucho tiempo una cosa, para descubrir que hasta ahora ha estado equivocado y declaran vacante el puesto del psicoanalista, en un consultorio muy sui géneris, una playa, un espacio mágico en donde todo puede pasar. ¿Quién puede asegurar que lo que ve, es la realidad, y que no existe otra? “Los cuerdos no son los que no ven las cosas, si no los que las ven como todo el mundo, pero se quedan callados”.

Terapia

No tengo nada personal contra los profesionales de la salud mental, pero no deja de ser interesante saber que uno de cada cuatro psicoterapeutas tiene sentimientos suicidas y uno de cada dieciséis lo intenta alguna vez, que la tasa de divorcio sube notoriamente en personas con esa profesión en comparación con otras. Al mismo tiempo, se ha comprobado que la adicción a la terapia no sólo está en el paciente, sino que la encontramos igualmente en el terapeuta. ¡Es de las profesiones en donde se ve la jubilación más tardía! El síndrome de quien necesita ser necesitado por otros. ¿Cómo un ciego guiará a otro ciego? ¿Cómo un loco puede curar a otro loco? La decisión es tuya, tampoco me vayas a culpar… Pero yo que tú, mejor me volvía adicto al teatro, sería una terapia más barata, más divertida, y su duración dependería exclusivamente de ti, en la terapia teatral podrás ser protagonista en cada función. Ver tus problemas en el escenario, reírte de ellos o llorarlos desde afuera y desde esa perspectiva encontrar una solución, o mejor, aprender a vivir con tus trastornos en santa paz. El teatro no alimentará tu egocentrismo, por el contrario, despertará tu empatía por los otros, y elevará la consideración contigo mismo. Así que, ¡Adiós diván, te veo en la butaca de un buen teatro!

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