The Guilty Code

Tú, el verdugo virtual

mayo 23, 2016 Opinion
Supongo que a ustedes les pasa. Hay días en que te levantas con ganas de hacer justicia. De pronto, piensas en la corrupción, en la pobreza, en que el sueldo no alcanza para todo lo que quisieras. Y… estallas.

Por Gabriel Bauducco (@gabrielbauducco)

Uno de esos días en los que el hartazgo te resulta insostenible y, sencillamente, no quieres más de lo mismo. Entonces, saturado como estás, decides mostrarle al mundo pequeñas postales del gran mural que alimenta tu hartura. Tomas tu teléfono y te dispones a hacer lo que todo el mundo hace: usar las redes sociales para “denunciar” lo que “está mal”. Piensen por favor en lo siguiente: ¿por cada video viral sobre una lord o una lady, cuántas personas exhibidas –muchas veces equivocadamente– hay?

De pronto parece que vivimos en un mundo en el que el castigo para muchas cosas no es el que podría contemplar la ley, sino simple y llanamente, el escarnio público. Es decir, todo lo contrario a lo que cualquier persona civilizada pensaría: los castigos, las degradaciones públicas son propias de sociedades más brutales, o sea… cosa del pasado. Pues no.

HeroeMexicano

En febrero de este año, Facebook cumplió 12 años. Y le bastó ese tiempo para unas cuantas hazañas. La primera de ellas, es la mega inserción en la sociedad. Sólo en México había entonces 61 millones de cuentas. Es decir, bastante más de la mitad de la población (si hacemos el ejercicio de que nadie menor de 10 años tiene una cuenta). La otra hazaña es que en contra de lo que parecía durante los primeros años de la compañía, ha resultado altamente redituable. Fue publicado que la riqueza de Mark Zuckerberg supera los 50 mil millones de dólares. Y, en gran medida, esa fortuna es posible gracias a la amplia predisposición que tenemos a la pornografía emocional. Somos adictos a las bodas y los divorcios, los platillos gourmet y los vómitos, las proezas deportivas y las caídas espectaculares, lo sublime y lo detestable. Facebook tiene alrededor del mundo 1600 millones de usuarios. Sepan que hay poco más de mil millones de católicos en el planeta. Y unos 1300 millones de musulmanes.

DenunciaFacebook

Les dejo esos datos sólo para sembrarlos en alguna parte de su archivo personal; ese que algún día les dirá que la mayoría de las veces, cuando están subiendo un video a Facebook, no están cometiendo un acto de justicia, sino alimentando al gran capital de don Mark.

El punto es que hemos erguido a las redes sociales en un tribunal donde somos jueces y parte. El libro Humillación en las redes, del periodista inglés Jon Ronson, trata de explicar un poco este comportamiento humano. Y dice, entre otras cosas, que exhibimos a los demás porque, primero, creemos que “el copo de nieve no tiene por qué sentirse responsable del alud”. O sea, no tenemos idea de las repercusiones reales que tienen los materiales que subimos a la red, cuyo alcance toca, en serio, a miles de millones de personas.

HumillacionEnRedes

Ni tomamos en cuenta que el sarcasmo tiene casi siempre la cualidad de ser malinterpretado. O sea, un chiste sobre uno mismo puede parecer una agresión hacia los demás. ¿Recuerdan aquel caso de Justine Sacco que antes de subir a un avión rumbo a África tuiteó lo que parecía un chiste racista? Bueno, será imposible conocer el espíritu real de aquel tuit, entre otras cosas, porque el cerebro es una fábrica de recuerdos, pero es interesante apuntar esta declaración de Sacco, que perdió no sólo su trabajo sino también buena parte de su vida: “Me asusta pensar que, si mañana perdiera la memoria en un accidente y me buscara en Google, esa sería mi nueva realidad”.

Pregúntense cuántas veces en nuestros “actos de justicia”, empujamos a las personas a tener que lidiar con problemas en los que nosotros los metimos, y no en enfrentar un error que cometieron de verdad. Algunas veces exhibimos contravenciones reales a las reglas que nos rigen; sin embargo, otras, simples actos que nos molestan y creemos que los demás deben condenar.

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