The Guilty Code

Una crónica de lunes en la Ciudad de México (con final feliz)

junio 16, 2017 Opinion
No, esta vez, aunque usted no me lo crea, la crónica de mi lunes no tiene que ver con lo que desayuné, comí o cené. Regáleme unos minutos para leer lo ocurrido.

Esto sucedió en La Nápoles. Una historia que comenzó mal y terminó bien.

Por Paola Norman (@PaolaNorman)
Epicurista, amante de las mesas y las sobremesas. RP y vínculos gastronómicos. Periodismo gastronómico.

Necesitaba estacionarme en la colonia Nápoles, donde desde hace como un año, tenemos instalados parquímetros (los cuales nos han ayudado a tener más orden vehicular y menos saturación en la colonia). No traía monedas, por lo que hice lo acostumbrado: busqué durante varios minutos a una persona de Ecoparq para que me cambiara un billete, antes de parar en una tienda y así poder pagar. No había nadie. Me estacioné exactamente frente a un Oxxo para bajarme a conseguir cambio y en cuanto me bajé, justo al estar cerrando la camioneta, ¡le pusieron la araña! ¡Así, en treinta segundos, viendo que me estaba bajando del vehículo, las cuatro personas que increíblemente aparecieron de la nada (un policía de tránsito y tres personas de EcoParq), pusieron la araña al mismo tiempo que yo les decía que los estaba buscando para cambiar un billete y poder pagar mi lugar de estacionamiento; que por favor me cambiaran o me permitieran ir al Oxxo a cambiar! Obviamente de nada valió mi intento; al hombre que la puso le dio lo mismo mi explicación, quizá en cosa de un minuto y medio ya estaban llenando la multa. ¿Cuál es el criterio para actuar de esta manera? Hasta ese momento aún no lo comprendía.

Mientras el policía de tránsito llenaba el formato en complicidad con las personas de Ecoparq, se acercó un poco más para decirme con voz baja y en un tono muy amable «Es que le voy a tener que llamar a una grúa para que se la lleve al depósito, porque, ire (sic.), está mal estacionada; pero pues usted dígame,… ora sí que no sé si traiga prisa». Yo no estaba entendiendo o no quería pensar en la posibilidad de un típico soborno. ¡El policía de tránsito quería mordida! y las personas de Ecoparq, al parecer, estaban al tanto de esta dinámica, lo que me hace pensar que pueden estar coludidas, porque no hicieron absolutamente ¡nada! (bueno sí: poner la araña al momento que di un paso debajo de la camioneta). Me negué categóricamente a ello, por supuesto, con el miedo de que al no haber accedido, el policía llamara a una grúa y verdaderamente hiciera que se la llevaran.

Con enojo e impotencia, entré al Oxxo a pagar la multa. En la caja me dijeron que solo aceptan efectivo, por supuesto no traía. El cajero más cercano estaba a unas cuatro cuadras.

Desesperada, en la caja de la tienda, escuché la voz de una mujer que dijo “Yo te presto y mañana me depositas”. ¿Qué? ¿Así? ¡¿Sin conocerme?! ¿En este país en el que prácticamente ya no nos queda más que desconfiar de todo y todos? Pues así fue. Este gesto espontáneo de bondad tuvo lugar en el país en el que cinco minutos antes cuatro servidores públicos evidenciaron la descomposición entre autoridades y el abuso a los gobernados que somos sus empleadores.

Mi primera reacción fue decirle «Gracias, pero no me conoces. ¿Cómo crees que me vas a prestar dinero?», a lo que me contestó sacando su cartera: «De verdad, no te preocupes, ten el dinero, me depositas mañana. No pasa nada». Abrí mi cartera y comencé a contar lo que traía para dárselo. «No, no, así está bien, guarda eso para que no te vayas sin dinero». Gracias a ello pude salir después de solo unos minutos con la multa pagada a entregarla para que retiraran la araña.

Todo esto, desde su comienzo hasta este punto, transcurrió en cuestión de menos de diez minutos. Para el momento en que me estaba subiendo a la camioneta para irme, ya nos habían hecho lo mismo a tres personas: a mí, bajándome para cambiar el billete; a un hombre, bajándose para poner el dinero en el parquímetro y a una mujer con su hija, que se paró en doble fila para bajarse también a cambiar un billete mientras su hija la esperaba en el coche (en este caso me pregunto si es legal poner la araña ya que no está ocupando un lugar de estacionamiento o si lo adecuado hubiese sido levantar infracción. Si usted lo sabe, agradeceré me saque de la duda.

La mujer que me ayudó se llama Judith Tamayo, no sé si vive en la misma colonia, ni qué compró en el Oxxo, no sé si venía caminando o se estacionó, tampoco a qué se dedica. No sé nada de ella, además de su nombre, su teléfono y lo que hizo por mí. Judith no solo me ayudó a resolver el tema de una multa para que un policía de transito corrupto que al parecer comparte las mordidas con el personal de Ecoparq (programa del Gobierno del Distrito Federal. a cargo de la autoridad del Espacio Público y dependiente de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda), no se llevara la camioneta al corralón y para que pudiera llegar a tiempo por mis hijos, ella hizo algo mucho más valioso: me hizo recordar en medio de mi enojo y frustración que México no es solo sus gobernantes oportunistas, sus servidores públicos corruptos o la gente que roba, abusa, secuestra y… muchas otras cosas terribles. Que lo que amo de México no solo está en su maravillosa gastronomía, sus fértiles tierras y sus hermosos paisajes. México también es los mexicanos que confían y ayudan al prójimo, los que trabajan y se preparan todos los días y los que a pesar de lo que vivimos siguen esforzándose para salir adelante de una forma honesta y digna para poner en alto nuestro país y para decir con orgullo ¡Qué bonito es ser mexicano!

Le agradezco a Judith lo que hizo y agradezco también haberla conocido en una situación así. Ahora, por mi parte, hago el compromiso de tomarme el tiempo cada día para recordar y poner atención en lo bueno que sucede en México, pero sobre todo para ser parte de ello, fomentarlo en mis hijos y en la gente que está a mi alrededor; por ello, si tiene un ratito para compartir en sus redes sociales, le pido comparta esta historia de un lunes cualquiera en la Ciudad de México, esperando también haya tocado algo en usted.

The Guilty Code

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