The Guilty Code

Valeria Martell: Cuando el Amor se Acaba

mayo 2, 2016 Opinion
Por Valeria Martell (@Valeria_Martell) vía @MexicanTimes

Ayer era un día como cualquiera, iba llegando a casa después de estresantes cobros y pagos pendientes que eran para ayer, escribiendo y pensando que más escribir. Como siempre me recibieron con mucho cariño los perritos y el clásico: “¿cómo te fue hija?”, de mi madre. Todo aparentemente estaba bien, estoy segura de que una olla exprés se ve perfectamente normal segundos antes de explotar.

Al estar yo sola en mi recámara, escuché a mi madre entrar y sentarse en la cama, de su boca salieron las siguientes palabras:

-He decidido separarme de tu padre y ya inicié el trámite de divorcio.

Después de 40 años de aparente buen matrimonio, había sucedido algo. En mi cabecita pasaron un montón de cosas, como una máquina de tiempo: mis primeros pasos, recuerdos de primaria, secundaria, la primera paliza, el primer castigo, los abrazos de orgullo, las lágrimas de felicidad, los desayunos dominicales, hasta cuando íbamos a la iglesia… en familia, todo lo que una familia aparentemente clásica hace. A decir verdad, aún siento escalofríos, un gran vacío en el estómago, un nudo en la garganta que me asfixia y las lágrimas a punto de salir. Tengo más de 30 años y creo que es igual de difícil de asimilar la situación que si tuviera 5, 15 o 20 años.

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El amor se acaba. Pero la mayoría de las veces lo que le ocurre al amor es que se transforma, al menos eso quería creer que sucedía con mis padres, ¡40 años juntos!: desde que ella tenía 15 y el 17 años. El enamoramiento del principio deja paso a otro tipo de sentimientos como el cariño, la complicidad y la necesidad del otro. Muchas veces nos preguntamos qué le está pasando a nuestra relación de pareja, si se está acabando el amor o es que no la estamos cuidando como debiéramos. Y me pregunté: “¿y si los cinco hijos que tuvieron fuimos la causa de tal separación?

Hay signos evidentes de que algo está cambiando en tu pareja, y no precisamente para bien. Tanto hombres como mujeres a veces descuidamos lo importante. Las mujeres somos capaces de ver todo y nada a la vez. Es más que evidente que no te presta atención, habla menos, ya no comparte intereses, cada vez son más espaciadas las relaciones sexuales, ya no te dice lo que le gusta de ti porque asume que lo sabes. En definitiva, la rutina se instala en tu sofá poniendo distancia entre tú y tu pareja.

Pero, ¿cómo saber si es hora de poner fin a esa relación? Tratándose de sentimientos es lógico que sea tu corazón el que tome la palabra. Cierra los ojos un momento y visualiza si quieres pasar el resto de tu vida con él o ella.

Decidir si es el momento de poner fin a la relación de pareja es uno de los asuntos más complicados en la vida de cualquier mujer y hombre. De sobra sabes que cualquier ruptura será dolorosa y no tienes ni idea de cómo vas a superar la separación. ¿Merece la pena un último intento? Lo cierto es que hay dos aspectos de tu relación que pueden darte la clave para tomar la decisión: nuestra forma de comunicarnos y nuestra forma de discutir.

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La comunicación es fundamental en una relación, pero a veces ocurre que la pareja deja de hablar por no creerlo necesario. Si además de no poder hablar con tu pareja de lo que te está pasando, las discusiones se convierten en una oportunidad para hacer daño al otro, reprochar y faltar al respeto es el momento oportuno para poner punto y final.

Como me pasó hace algunos años con la persona que compartí 3 años de mi vida, quiero pensar que no es la misma situación que viven mis padres, pero lo es. Hablar en voz baja en la recámara se convirtió en discusiones en cualquier lugar y por cualquier cosa. Las heridas más profundas no son las de los golpes, son las que causan las palabras al comenzar a faltarnos el respeto. La diferencia es que puse punto final cuando ya nos habíamos dañado demasiado. Sin duda hoy tengo más experiencia que mi madre, pero no la sabiduría que ella tiene para decir que es momento de terminar la relación antes de terminar como lo hice yo.

La familia y las relaciones no son una inversión, son una red de soporte, un seguro contra la fatalidad, una fatalidad como la que hoy estoy viviendo.

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