The Guilty Code

Viajeros “humanitarios”: Ayudar, ¿acción o palabra?

marzo 7, 2017 Opinion, Slider One
Viajar acelera los pasos de aprendizaje. Creo que no hay nadie capaz de poner esto en duda. Escapar de lo cotidiano, de lo rutinario y, en general, de la archiconocida zona de confort, expresión de la que son tan fanáticos tantos amantes de la auto-ayuda.

Por Luis de Cristobal (Instagram: @asiallavoy / Facebook fb.com/luisdecristobal)

Durante algún tiempo no he parado de escuchar a gente que dice que quiere ayudar a los demás. Yo siempre me he preguntado qué quería decir eso, pues el concepto en sí requiere un estudio de las necesidades ajenas y, sobre todo, de la voluntad de la contraparte a ser ayudada.

Una vez más me encanta haber aprendido que no hay que dar nada por hecho. Y si nos dejamos al engaño de los sentidos, sobre todo al visual, vamos a pensar que hay mucha gente enfrente que precisa de nuestra ayuda. Que, nosotros, tan maravillosos, somos enviados divinos encaminados a la salvación de las almas.

Durante mi Viaje (sí, con mayúsculas), he detectado que, en muchas ocasiones, el ciudadano occidental, blanquito y normalmente de origen cristiano se autoproclama en un nivel superior al de la población que visita. Especialmente si el destino es un país en vías de desarrollo o subdesarrollado. “Pobrecitos, vengo a ayudarles”, parecen pensar.

Y es que no podemos quitarnos esa mentalidad neocolonial de la cabeza. Nos encanta pensar que somos emisarios divinos camino de la salvación de las almas que no han pedido salvación. He tenido la ocasión de cruzarme con algunas personas maravillosas, que han decidido compartir parte de lo que han recibido como “privilegiados”, con personas que no lo son tanto. Pero hay muchos que actúan de otra forma.

Hope

Anja Ringgren Loven rescató a Hope pues su padres lo abandonaron en las calles de Nigeria al considerarlo un “brujo”.

El turismo de voluntariado. Durante mi estancia en Camboya pude observar un hecho que, tristemente, no es aislado. Decenas de poblaciones rurales del país tienen a la entrada un decadente letrero con la bandera del país y de otro (normalmente Australia, Holanda, Alemania o Francia) y una leyenda que reza un proyecto traído desde alguna institución, bien pública, bien privada de esos países.

“Estuvieron por aquí un par de meses y se marcharon”, me pudo comentar algún local de los que chapurrea algo de inglés. Yo realmente me pregunto si tiene algún efecto positivo para una comunidad local que alguien se cruce medio planeta para, supuestamente, enseñar algo que los locales no saben, hacerse unas cuantas fotos con niños sonrientes y volver diciendo “qué buenos son, lo poco que tienen, lo comparten”.

No puedo evitar que me surjan dos preguntas: ¿quién ayuda a quién? ¿es ayudar una acción o es pura palabra? Si alguien te dice que viene a ayudar, normalmente no lo hará. Enriquecer a las comunidades locales, según mi punto de vista, consiste en colaborar (no ayudar) a que se empoderen recuperando u obteniendo parte de los derechos que les han sido bloqueados, bien por crisis humanitaria, bien por conflicto armado, bien por dictaduras.

Por fortuna, he podido conocer a algunas personas que, conscientes de su condición de privilegiados en el mundo, tratan de aportar su grano de arena de otra manera. Y todos tienen en común un aspecto: la humildad. Todos ellos me han podido transmitir una cosa, saben y admiten que su labor es más beneficiosa en términos relativos para ellos que para los sujetos receptores de la ayuda.

Entonces… ¿es el turismo de voluntariado una manera oculta o no tan oculta de ser ayudado? ¿buscamos imponer nuestro modo de vida y cultura a quiénes viven de otro modo? ¿es ayudar una acción o es sólo una palabra?

La cuenta de Instagram “Barbie Savior” es una profunda y letal crítica a este turismo de voluntariado.

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