The Guilty Code

Vuelve el Violinista en el Tejado

agosto 14, 2015 Opinion
Por Amalia Mejía (@picho143)

Hay recuerdos y emociones vividas en Broadway que me brincan del corazón a la cabeza, mismos que no encontraron lugar en la columna pasada y que hoy, lo pelean. Déjenme a mí, ¡llevarlos hasta Manhattan!

Las historias que les contaré no tienen que ver con el teatro, pero ambas me ocurrieron en Times Square, dos historias tan opuestas como inolvidables. La primera comienza un 25 de diciembre, estando recién llegada a la ciudad, y como siempre ocurre en esos casos, lo primero que quiero pisar es Times Square, ahí, sentada dentro de una de las cafeterías, saboreando un chocolate caliente, vi tras las ventanas comenzar la primera nevada del año, pagué corriendo la cuenta, pues me urgía sentir esa nieve en mi cara, por supuesto todos los lugareños se resguardaron, por lo que era fácil reconocer a los que éramos turistas, pues éramos los únicos locos que queríamos devorar y atrapar cada copo…¿El final de la historia? Varias horas después y sin el atuendo apropiado, los dedos de mi pies estaban congelados, duros como piedras, busqué un lugar para finalmente ponerme a salvo fue, entonces, cuando al contacto con el calor de la calefacción, mi cuerpo comenzó a “hormiguear” ¡hasta la locura!, provocando la comezón más desesperante que he sentido en ¡mi vida! Mientras trataba de mantener la compostura y tener una actitud respetuosa ante un maravilloso coro que interpretaba villancicos dentro de la catedral de San Patricio. ¡Ni cómo rascarme lugares públicos y privados de mi cuerpo! No creo haber convencido a la gente que me circundaba, que era mi entusiasmo el que me hacía ¡retorcerme!, aunque créanme que intenté hacerlo al ritmo de la música. La recompensa a aquella nevada, fue perder el aliento al día siguiente al ver completamente blanco Central Park, ahora sí, con botas especiales para la nieve.

CentralPark

La otra historia ocurre en otro viaje y empieza saliendo del teatro, después de haber disfrutado, sentada en primera fila, sorprendida del talento de Daniel Radcliffe (Harry Potter) bailando y cantando en una deliciosa comedia llamada “How to succeed in business without really trying” mi corazón seguía bailando, por lo que puesta mi atención a mi corazón, descuidé mi trasero… Una nalgada hubiera sido menos sorpresiva, pero no, alguien sacaba de la bolsa trasera de mi pantalón mi celular y huía con él, tardé unos segundos en llevar mi enfoque a la cabeza y decidir si correr para buscar un policía, resignarme a la pérdida, o correr hacia esa persona para recuperarlo yo misma; toooooodas las fotos que contenía mi teléfono inclinaron la balanza y corrí hasta alcanzarla (hazaña nada despreciable a mi edad), pues además me llevaba de ventaja el tiempo que tardé en reaccionar, jeje. Tras una larga negociación, valentía (o inconsciencia) y una fuerza de la que no me sabía poseedora, quedó a salvo mi teléfono… ¡y mi reputación!

Con todo esto, ni los riesgos de clima o de delincuencia, le restan placer a caminar por Broadway, todo ahí huele a teatro y su historia, por cierto ¿sabían que de los 40 teatros que están dentro del distrito teatral sólo cuatro están en la avenida Broadway? Uno de los primeros teatros fue “Play House” y ¡se abrió en 1730! Para 1900 ya había muchos más, y los productores decidieron iluminar sus marquesinas, (ningún otro negocio lo había hecho antes) hubo “tantos” focos que le ganó el nombre de “El gran camino blanco”; en esta área ahora hay por doquier tiendas de souvenirs y resulta difícil no querer atrapar el tiempo en esos objetos.

Broadway

Hay obras que se hacen aliadas del tiempo, y éste les permite sobrevivir al paso de los años. Por ejemplo: “El fantasma de la ópera” con más de 11,400 representaciones en 27 años. Otro ejemplo valioso de ello es “El Violinista en el tejado” la primera vez que abrió telón fue en 1964, ganó nueve de las diez nominaciones que obtuvo a los premios “Tony” fue el primer musical en alcanzar 3,000 representaciones, y cuentan que de 1966 a 1969 Bette Midler interpretó el rol de Tzaitel. ¿Pueden imaginar lo divertidos que fueron esos camerinos durante ese tiempo?. Esta obra ha tenido varias reposiciones en Broadway y para fortuna de los que no podemos ir a Broadway cada mes, no sólo allá enamoró al tiempo, en México también lo ha hecho, Don Manolo Fábregas la produjo y la protagonizó en dos ocasiones en 1965 y en 1986; luego OCESA la repuso en el 2005 y desde el 2013 Bernstein Peralta Producciones la han presentado en diferentes foros, la buena noticia, es que el 30 de agosto, estos mismos productores la harán cobrar vida otra vez en uno de los escenarios que la arropó hace casi 20 años, el Teatro San Rafael.

Estos productores, además de comprometidos, son de los más honestos con el público, pues no se dejan llevar por nombres famosos, con su lema “Talento que deja huella” se han propuesto que sólo el talento le abra las puertas a quienes han de pisar sus escenarios y ¡vaya que lo han cumplido!, además, ellos están probando una nueva modalidad, alternan dos obras de la misma calidad garantizada cada fin de semana, en este caso junto con “Violinista en el tejado” disfrutaremos de “Sello Escarlata” obra por la cual también “meto las manos al fuego”. Soy muy afortunada por poder ver mucho teatro, pero créanme que no por todas apostaré mi palabra, pero por estas dos, ¡sí lo hago! “The Scarlet Pimpernel” estrenó en Broadway en 1997, y aunque es una obra reciente, se ubica en el régimen de Terror en la Revolución Francesa, se podría suponer que en ese contexto se prestaría para ser una obra funesta, pero por el contrario, es una comedia romántica, muy divertida, con intriga y con enredos a cargo de unos dulces y pícaros héroes.

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¿Qué tienen en común estas dos obras? ¡Mucho! Las dos poseen música extraordinaria que será interpretada en vivo; están tan bien resueltas que el ritmo nunca decae, y quiero resaltar una cosa, ambas son ideales para toda la familia: las historias atrapan fácilmente a niños y a adultos; estas obras aportan valores humanos importantes de rescatar, la amistad, la tolerancia, la solidaridad, la familia, el amor, el respeto a lo que nos resulta diferente, ya sea ideología, preferencias, raza, etc.

Veremos en estos dos espectáculos a los mejores exponentes de comedia musical, interpretando un clásico, que a pesar del tiempo resulta absolutamente vigente y otra obra que por mérito propio, también se convertirá en uno.

Los sábados dos funciones de “Sello Escarlata” y los domingos también con dos representaciones “Violinista en el tejado”

Una vez más, si nosotros no vamos a Broadway, Broadway viene a nosotros.

Y sí, quisiera contarles mucho más de Broadway pero tendré que esperar a una siguiente oportunidad.

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