The Guilty Code

Y tú ¿Qué Pantone eres?

marzo 6, 2016 Opinion
Por Jorge Ríos (@JORGERIOSJIM)

Resulta que a propósito de la reciente entrega 88 de los Premios Oscar (de la que ya todo mundo habló, aplaudió, criticó y posteó en redes sociales), me quedé muy pensativo (porque hasta también pienso) con la parte final del discurso de Alejandro González Iñárritu, ganador como Mejor Director por segundo año consecutivo.

Hace algunos años (no tantos) en mis andares por Fashion Week Nueva York, andaba dándome rienda suelta con las aplicaciones en busca del amor (para darme un poco de cariño y calor humano) y tuve un “date” al que invité a una de las presentaciones. Ya sabía yo que dicho Fashion Show sería concurrido por un sustancial número de caras famosas de México. Llegué con mi “date” al desfile, saludando por aquí, presentándome por allá, beso doble por aquí, abrazos por allá (porque eso sí, lo educado no quita lo valiente) y en un entretiempo, un también buen amigo, fotógrafo de allá, me pidió posar para una foto (¡amo las fotikos!) con mi “date” y otro amigo muy conocido en la escala célebre/social de México, para la reseña social de un medio mexicano, posamos muy sonrientes los tres, y ahí quedó la foto para la posteridad. El desfile y evento transcurrió y terminó, como también concluyó mi contacto con mi “date” de ese día, para no volverle a ver jamás, no fructiferó la relación.

fashion show party

Pasaron las semanas y ya de regreso a la #CDMX no DF, en mi habitual lectura de revistas y diarios nacionales, me encuentro la reseña social de aquel evento en NY, y ¡oooooh sorpresa! que entre aquellas páginas voy viendo la carota de aquel “date”, de blonda cabellera rubia, tez blanca y ojos azules como dos lagos, con mi conocido histrión amigo a lado. Mi ego y vanidad enardeció inmediatamente y me hizo preguntarme “¡Ey! pero ¿y que pasó aquí?, si yo estaba en medio de la foto!?”, inmediatamente tomé mis diligencias y me comuniqué con mi amigo angloparlante hasta NY, para decirle “WTF! ¡qué cabrón! ¡por qué me mochaste de la foto!”. Me respondió “This is so weird my friend, esa era la única foto, los tres juntos”. Dijo que iba a investigar.

Pasó el tiempo y se olvidó el tema, pero en otro encuentro en Nueva York, en oooootro evento con champaña y canapé en mano, con fotikos incluidas, me confesó que le dio seguimiento a aquella interrogante que le había reclamado, para decirme que la persona encargada de seleccionar las fotos de aquel medio le había dicho que “Jorge Rios has not the right Pantone to be on our print reviews pages, he’s on the black list”, osease que mi color de piel no era el apropiado para aparecer en páginas, donde supuestamente salía solo gente bien de México, era solo para güeritos ojiazules ¡así como lo leen!

Él me confesó que fue una de las razones para dejar de colaborar para aquel medio (hoy inexistente), ya que no era la única ocasión que le aconteció algo así, y lamentablemente esa tampoco fue la única experiencia para mí, su querido amigo y servidor (Jorge Ríos). Como estadounidense (en donde el tema del racismo es parte de la agenda diaria), a mi amigo fotógrafo le sorprendía darse cuenta que en México también existía este problema, pero aún más, el clasismo. El hecho de que, desde su punto de vista, este tema prevalezca por encima del talento de los mexicanos que él conocía en la Gran Manzana, de tez morena.

Lo triste es mis queridos culpables, que podemos tener un sinfín de ejemplos que acontecen sobre el racismo y clasismo en nuestro México. Una realidad que vivimos todos los días, en la que es ya tan común y está en nuestros hábitos diarios, que no nos damos cuenta (o nos hacemos como que no, a nuestra conveniencia). Todos somos culpables de una u otra forma. Y yo tampoco me hago de la boca chiquita, tambien #MeDeclaroCulpable de haber incurrido en actitudes poco gentiles y amables de mi parte, siendo que ese “Pantone” (como mencionaron despectivamente no apto para aquel medio enfocado a la alta sociedad mexicana) corresponde a mis raíces indígenas que tengo por parte de mi bisabuela materna.

Pero esto no es algo nuevo ni estoy descubriendo el hilo negro sobre el tema, este racismo y clasismo nacional vienen prácticamente desde la época de la Conquista, con el mestizaje, échenle un ojo a este artículo en el periódico Milenio del historiador Alejandro Rosas donde hace referencia a esto:

“ A lo largo de la historia mexicana ha imperado la intolerancia política, social, religiosa, sexual e ideológica y hemos acuñado verdaderas joyas para referirnos con desprecio al otro: pelado, lépero, naco, chusma, gato, guarro, puto y desde luego indio.”

mexico mestizo

En verdad espero que en un futuro muy inmediato, así como se hace referencia en varios medios a lo mejor de los mexicanos con decendencia libanesa, judía, árabe o europea, también se destaque a personajes en cualquier ámbito con descendencia indígena.

A todos nos toca ser mucho más respetuosos y tolerantes, dejar de usar el término “muchacha” de forma despectiva, con notas marginales para el personal de servicio, o hasta como insulto a nuestros “brothers”, como si fuera un pecado o un delito. Asistir a un restaurante y respetar el trabajo de los meseros, valet parking, personal de servicio de gasolineras o simplemente cualquier ser humano, evitando apodarles “Gallo”, “Mi Rey”, “Papi”, “Joven”, en vías de querer hacernos los graciosos y supuestamente los muy educados. El evitar asistir a una departamental y dar el peor trato a los vendedores con un “Oiga joven”, como barrera para definir quien es quien. Me encantaría ver si cuando viajamos al extranjero, damos el mismo trato a todas las personas en sus labores antes mencionadas. O el contratar a una persona solo por su apariencia física, porque es “Güerita”, sin importar los talentos que pueda tener y aportar otra persona que no cumpla con esta apariencia física o color de piel.

También reconozco que a veces uno se pone de pechito, y da pie a que este tipo de cosas pasen. El tema está en la tolerancia, y apreciar lo que tenemos en el país y lo que somos como mexicanos, sea la raza o religión que sea, como lo llegamos admirar a otros países. No en balde también tantas fugas de talento, en cuanto a moda se refiere, porque no sabemos apreciar la belleza física con sus variaciones. Por ello incluso, varias modelos han salido corriendo del país, triunfando por todo lo alto en las mejores pasarelas, películas y portadas de revistas de las mejores casas editoriales y títulos de moda, al no encontrar las mismas oportunidades en México, y no es hasta que triunfan afuera cuando las voltean a ver, y cuando esto pasa desafortunadamente ya es muy tarde, porque simplemente encontraron el aprecio y el dinero que no obtuvieron de México.

iñarritu color de piel

Retomando aquella charla con mi amigo fotógrafo, él y varios otros de varias nacionalidades que han tenido la oportunidad de visitar México, en general notaron algo como “funny” y a la vez “intrigante”: El ver la gran cantidad de mujeres de tez morena con cabello o pelo (como le quieran llamar) en tonos totalmente distintos al natural de nacimiento, como un rubio. Y esta práctica sí no discrimina, porque lo hacen las muy viajadas, altas, bajitas, grosas, delgadas, del Norte o del Sur, Este y Oeste del país. Yo sumé que en mi experiencia, sé de primera mano que muchas mujeres en el país compran bases de maquillaje en tonos mucho más claros al de su piel, con la finalidad de verse más blancas (como la película de Pedro Infante, “Píntame Angelitos Negros”).

Y ya para no marearlos mis adorados culpables, los exhorto a ponernos las pilas, los tiempos cambian y nosotros debemos adaptarnos a ello. Si no comenzamos realmente a ser más tolerantes, respetuosos y apreciar verdaderamente lo que como país tenemos, cómo lograr defendernos de declaraciones burdas como las de un Donald Trump, mexicanos trabajando allá y de nosotros mismos que vivimos acá, cuando en casa tenemos ese clasismo permeado ya en buena parte de nuestra cultura diaria. Que suceda lo que Alejandro González Iñárritu concluyó en su “speech”, con un Oscar en sus manos como Mejor Director:

“Que el color de nuestra piel comience a ser tan irrelevante como el largo de nuestro cabello”

Que lo que realmente nos importe sea el talento y las virtudes que desarrollemos para explotarlo, con la aportación que hagamos a nosotros mismos, nuestros trabajos y en la sociedad que convivimos, sacando lo mejor de uno mismo, y que este sea el real mérito hasta para aparecer en portadas de revistas o periódicos.

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