Los Influencers pueden ser más dañinos para las marcas de lo que parece

El rol de los Influencers en redes sociales es bastante claro: gracias a su amplia base de seguidores, tienen la capacidad de vender productos fácilmente. El dinero que generan, tanto para ellos mismos como para compañías externas puede llegar a ser una buena cantidad. Pero a veces, pierden la cabeza, y por lo tanto, dejan de ser útiles.

Los Influencers quizás estén perdiendo su toque de Midas.

Por Paco Deveaux (@devolas)

Antes, para vender un producto se podía anunciar a través de, digamos, una película exitosa o videos musicales. Veías a los protagonistas o grupos portando distintas marcas, ya sean de ropa, autos, etc. Ahora, ese papel se ha ido pasando poco a poco a los jóvenes Influencers, quienes principalmente a través de Instagram encontraron la fama. Dependiendo del grado de followers e interacción que generen, es la cantidad de dinero que se les paga por anunciar marcas específicas. Lo que comenzó con un estilo de vida deseado por millones, quizás hoy ya no sea tan redituable.

Al ver que tu persona favorita en la red recomienda los últimos sneakers de Nike, sientes que viene directamente de la boca de un amigo. Pero lo que funciona para varios, no funciona para todos. Compañías que llevan años creando su marca y reputación no están de acuerdo con los bloggers, Gramers y vloggers; anunciarse en una revista prestigiosa, donde se invierte dinero, tiempo y esfuerzo es sinónimo de poder y riqueza. Hacerlo a través de Instagram, no es para todas las generaciones.

Muchos Influencers quieren aprovecharse de su status de celebridad on-line. “La opinión del público es fundamental, pero lo que no se puede hacer es que una persona que tenga equis, miles, o millones de seguidores aproveche eso como medida de presión”, dijo Pedro Olmedo, chef y gerente de la Taberna PuertaelSol. Lo que está sucediendo, cada vez más, es que estas personas influyentes quieren comidas gratis a cambio de un buen rating, o buscan ropa de marca gratuita, sin tener que pagar un peso por ella.  Otro caso, que se da cada vez más, es el de Elle Darby. Con 87.000 suscriptores en YouTube, solicitó en un correo a The White Moose Café (Dublín) cinco días de estancia gratuitos a cambio de mostrar el local en sus redes sociales. Lo único que ocasionó, fue que el hotel vetara de por vida a los YouTubers.