Memorias de una visita a Marruecos

Un país exótico, fuente de leyendas irrpetibles, clama por que conozca su historia. Pudimos visitarlo y embriagarnos de su esencia a desierto mediterráneo.

De las historias más grandes jamás contadas, hasta tu imaginación, inhala Marruecos.

Por Karen Herrera (@karenhs14)

Mientras escribo estas palabras veo por la ventana del coche cómo se difumina lo que solía ser una laguna. El terreno árido de pronto me recordó a Marruecos, una ciudad amurallada, dentro de otra, también amurallada. Con clases sociales tan bien definidas como en cualquier otro país.

Comino, azafrán, cúrcuma… El aire ahí es tan auténtico, que se puede saborear. Serpientes rindiéndose ante el hipnotizante sonido del pungi. El segundo mercado más grande del mundo en donde regatear es casi parte de una costumbre que representa el respeto al comercio y el lugar más lejano de casa en donde he estado, pero también en donde dejé de preguntarme “¿Por qué?“, y empecé a cuestionarme: “Y ¿Por qué no?“.

Dormir en el Sahara provoca una sensación de extrañamiento y fascinación en cualquiera, el cielo y el desierto son una masa única de color café marrón cuando el sol comienza a ocultarse tras las dunas más altas del mundo para dar paso a una de las noches más estrelladas, únicas y maravillosas que haya vivido, como bien me lo advirtió Laxen, nuestro guía, al impedir que fuera a dormir a mi tienda y después de invitarme a quitarme los zapatos para sentir la cálida arena sin poder ver qué pisaban mis pies.

Marruecos, una tierra fantástica y generosa, hogar de “bereberes“ y nómadas que reciben de los montes e idílicos paisajes sencillos y sublimes placeres que dan vida a los sueños de todos sus visitantes. A pesar de haber abrazado la modernidad, los marroquíes siguen conservando tradiciones muy bien arraigadas, aún podemos ver en algunas localidades los jardines de las familias que tienden a estar abiertas a la comunidad, un claro ejemplo de que en esta tierra no existe el egoísmo. Los hornos se turnan para que todos puedan tener pan caliente y existe una permanente sensación de tranquilidad y aventura al mismo tiempo.

Te pares donde te pares parecerá el spot perfecto para una postal, pero por favor procura no vivir este viaje a través de una pantalla, que los recuerdos mejor almacenados sean los momentos que nos dejan sin aliento, quizá una puesta de sol, el encuentro con una mirada, la sensación de la arena en tus pies, el aroma del té bien entrada la noche, el viento susurrándote algo al oído, una conversación con alguien nuevo, alguien viejo, alguien que te impulse a ser mejor persona porque quien visita Marruecos se arriesga, se arriesga a no volver a ser el mismo porque aún sin querer terminas dejando algo de ti ahí y trayendo contigo muchas cosas nuevas… Quizá confíes en los demás con mayor facilidad, quizá la falta de comodidades no te moleste más, quizá aprendas a apreciar la belleza en cosas simples, quizá el viaje solo habrá comenzado aquí.