¿Qué tienen en común una boda, los vinos y Manolo y Venancio?

Una de las grandes bodas del año, Juan Carlos “el Pollo” Basurto y Rodrigo Gómez-Tagle, una emocionante celebración del amor que trajo su primera “torta bajo el brazo”, el restaurante Manolo y Venancio.

Por Gabriella Morales-Casas

Quizás hayan ido a la boda, o la hayan visto “hashtagueada” (¿así se escribe?) en las numerosas redes sociales que nos acompañan en la vida diaria. A lo mejor solo se la contaron o se enteraron por un suplemento social; pero hace una semana se casaron Juan Carlos “el Pollo” Basurto, culpable columnista y adorado de The Guilty Code, y el banquetero Rodrigo Gómez-Tagle, en la que, sin duda, será una de las bodas del año en México.

Como muchos de ustedes saben, Juan Carlos es especialista en gastronomía y licores, fue publirrelacionista de marcas de estos rubros, entre ellas la importadora Diageo. Actualmente dirige su propia consultoría. Rodrigo es heredero de una dinastía de banqueteros de toda la vida; su catering es Paladares y es uno de los más experimentados y detallistas organizadores de bodas del país. Yo todavía recuerdo la boda de Lupita Solís Aguinaco que fue hace como mil años, y me deleito al acordarme cómo no paré de comer/beber las 15 horas que duró el jolgorio.

El tema es que luego de 13 años juntos y muchos más de amigos, se casaron en una magnífica propiedad en San Miguel de Allende, nada menos que los viñedos de La Santísima Trinidad, un terreno residencial donde la gestoría integra a la comunidad a cosechar sus propios vinos y olivos, además de que hay plantaciones de lavanda. El sitio se los recomendó una señora que sin querer los escuchó hablar sobre su búsqueda para el viñedo ideal, porque si algo une al Pollo y a Ro es su amor por la gastronomía, pero especialmente por el vino. 

La ceremonia fue en uno de los jardines, para después pasar al recinto creado por el propio Rodrigo para la fiesta. Enfundados en sendos trajes azul añil con un tocado en rojo en la solapa, Rodrigo y Juan Carlos entraron a la pista a bailar Para amarnos más, de Mijares, una de las rolas más increíblemente perfectas que se han creado jamás en los anales del pop, y literalmente, los invitados se subieron a las sillas y a las mesas para compartir el gran momento con los novios.

Fotos, servilletas agitadas y un coro espontáneo por los invitados, que menguaron con su energía el sonido original de la canción, fueron el marco para el gran momento de la noche. En realidad, hubo otro y ocurrió cuando Rodrigo bailó con su papá Yolanda, de Pablo Milanés. Sí, el señor José Gómez-Tagle se levantó a abrazarlo con la ternura que solo el amor incondicional y poderoso que brota a imparables torrentes infinitos de un padre hacia un hijo provoca, la emotividad hizo un nudo en la garganta de los invitados.

El banquete, por supuesto, corrió a cargo del orgulloso padre, quien compartió el fogón con los chefs de Eloise, Abel Hernández y Eduardo Morelli, mientras que el pastel fue de la chef repostera de Anatol. Esto suena espectacular, por supuesto, pero creo que el gran valor de esta boda fue lo que les acabo de contar…

#LoveWins 

CON TORTA

Ahora… ¿Creen que eso fue todo? ¡Como diría Raúl Velasco: “Aún hay más”! Esta semana se inauguró Manolo y Venancio, el restaurante de Rodrigo Gómez-Tagle y sus socios Luis y Jorge Cascajares, luego de un año de haber lanzado el concepto en un local del Mercado del Carmen bajo el mismo nombre.

No, no es un chiste de gallegos, es un comedor exquisito que desde ahora les digo, se va a convertir en un hotspot de la colonia Roma.

Se encuentra en Orizaba 131, en el nuevo complejo gourmet que hace esquina con la plaza Luis Cabrera (donde antes estaba la Universidad de Londres). La ubicación es privilegiada (lo único que hay que considerar es la ausencia de valet parking, para que tomen sus precauciones), como se trataba de una casona, está dividida en varias secciones: la de abajo es el mercado tipo comedor comunal (o sea, mesas como en Tiempos modernos, jejeje, neta), en el primer piso está la entrada principal de la casa que abre directamente a una galería, y al fondo, a la izquierda, se encuentra Manolo y Venancio. Esto me encanta porque me hizo evocar el Restaurant in the Courtyard del Met de Nueva York.

Tampoco es casualidad mi referencia artística, la decoración de Manolo y Venancio corresponde a una instalación del artista Miguel de la Torre, quien ha creado más de un centenar de cochinitos esculturales pegados a la pared; amén de su carácter decorativo se pueden adquirir como piezas sobre pedido, firmadas y numeradas, con certificado de autenticidad. ¡Qué diver!

Pero vamos a la comida… Obviamente, el concepto es español, “pero no lo que estamos acostumbrados a encontrar en una típica cervecería de Madrid; nos gusta jugar con la idea y proponer nuestra propia visión”, nos contó Rodrigo.

Nada más chequen: me comí un Bikini ibérico, o sea, un bocadillo de jamón con mozarella fresco y un toque de trufa. Ufff. Luego disfruté de su versión de patatas bravas, que son hojaldritas de papa con salsa brava o alioli; terminé con unas costillitas de cordero de lenta cocción y un pulpito con jamón serrano deshidratado (o sea, crunchy). Obvio, me comí el postre sola… la tarta de Turín derretido estaba supeeeerb. Me comí dos, la de mi amiga Paola y la mía.

Acompañamos con cosechas limitadas de Cune y terminamos con un cafecito delicioso e hipócrita, porque después me tomé un gin tonic… Con todo ello quiero decir esto: me encantó la cocina y el ambiente; lo encuentro muy refinado para lo hipster que se ha vuelto la zona y  ya me hacía falta un sitio así en la Roma: interesante, con una propuesta clara, ya que es española, no “madrileña pero panasiática-yucateca-italianoide-arábiga-morisca” que sirven en pocillos de aluminio porque está cool.

Hoy tocan #patatasBravas

Una foto publicada por Manolo y Venancio (@manoloyvenancio) el

Este es un restaurante con mucha clase, como sus mismos dueños. Felicidades por estas dos grandes noticias, Rodrigo. Un beso con todo mi corazón, que te quiere desde pequeñito.