Salvar a México, ¿en el nombre del padre?

Con la llegada de Franco Coppola a la Nunciatura del Vaticano en México, el Papa Francisco busca envolver a nuestro país en su fresca corriente conciliadora para el catolicismo mundial. ¿Lo permitirán Norberto River y su cofradía?

Por Gabriel Bauducco (@GabrielBauducco)

Un nuevo embajador del Papa Francisco fue nombrado para México apenas este sábado, intentando remediar décadas de corrupción, intromisión política, escandalosas intrigas y hasta abusos sexuales. Franco Coppola ha sido destinado antes en el Líbano, Burundi y Colombia. Actualmente llevaba tres como nuncio apostólico en República Centroafricana y Chad. Quizá, el “santo padre” busca en él las cualidades de quien se ha entrenado en zonas de alto conflicto. Y vaya que México, con su violencia y sus heridas abiertas, será un reto mayor. Pero… ¿qué relación construirá Coppola con el irreductible Norberto Rivera? ¿Será este hombre nacido en 1957 un verdadero delegado de Francisco, con todo y sus posturas de confrontación?

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El mando sistematizado de la iglesia católica en México ha pasado –y pasa todavía– por enormes crisis de poder. No sólo porque este es uno de los mayores bastiones del catolicismo en América y eso siempre implica luchas internas por un lucimiento siempre malogrado, sino porque las corrientes dentro de la Iglesia han comenzado a resentir los años de estancamiento. La de México es una de las Iglesias más reacias al cambio. Ya lo dijo Francisco, cuando en febrero visitó el país y llamó a los obispos a no perder su tiempo “en habladurías e intrigas, en los vacíos planes de hegemonía, en los infecundos clubes de intereses”. Como si los conociera de toda la vida, vaya.

Francisco ha sabido moverse, acomodarse al menos un poco a los tiempos que corren y hablar con palabras más cercanas al mundo de hoy. Tan conservador como es –no nos confundamos: no podría ser de otra forma para llegar a la cima de la Iglesia– supo incorporar temas modernos. Hablar de un mundo de deseos plurales (y la población gay creyó que le hablaba a los ojos), de decisiones de vida que no duran toda la vida (y el divorcio estaba ahí). Francisco sabe que la Iglesia que dirige debe aggiornarse o desaparecerá. Por eso, un país con 80% de la población enrolada en las filas del catolicismo, es el lugar justo para poner en marcha su cruzada. Los cambios que haga aquí, se verán. Y se verán mucho.

Norberto-Rivera

Como sucesor del francés Christophe Pierre en la nunciatura mexicana, Coppola tiene la tarea mayor de reformular la manera en que la Iglesia católica le habla a sus feligreses en México, el tenor de las luchas que emprende, la limpieza de los pasillos más sucios de la jerarquía eclesiástica y encontrar un lenguaje que hable de frente a una población que ha desarrollado una relación ambigua con la idea de que haya delegados de Dios en la Tierra.

Coppola actuará en nombre del Santo Padre. Resta saber si el poderío usual de la Iglesia en México comprenderá la enorme dimensión del reto que enfrenta y quizá el experimento modernizador que el Vaticano planea para este país.