Vanity Fair México y Melania Trump: No es lo gringo, es lo malogrado

Mal timing… eso define a la de la revista Vanity Fair México de febrero: Melania Trump, en divina, tomando café cual si fuera Jackie Kennedy. Sí, es un personaje coyuntural; sí, nuestro nicho siempre quiere saber de Primeras Damas, reinas y princesas, pero, ¡¿en serio?! ¿El contexto actual no les dijo que no era buena idea? Uf, eso lo analizamos en El Principado de este mes.

Por Gabriella Morales-Casas (@gmoralescasas)

Transportemos la situación a algo tan cotidiano como el colegio: el niño rico y prepotente del salón se la tiene jurada a tu hijo. Apenas lo hicieron presidente de la sociedad de alumnos, el infeliz ha decidido hacerle la vida miserable a tu vástago, aplicando el bullying con toda la saña que le sea posible, y mientras tú envías a su papá a tratar de resolver el acoso del que es víctima con el papá del bully y la directora del colegio, tu hijo es golpeado por el bully en el patio. ¿Qué sentirías si la directora de esa escuela pone de abanderado en la escolta al bully?

Metafóricamente hablando, la ahorcas, ¿no? Eso es lo que le puede pasar a la portada de Melania Trump en Vanity Fair México.

Vanity-Fair-Melania-Trump

Donald Trump es ese bully: un extorsionador que amenaza, ataca y denuesta violentamente a México como país y como población, incluyendo al país de en medio (a los migrantes); es racista, violento, radical, impulsivo y un demagogo que ha heredado de su condición de entertainer la habilidad para decir lo que le conviene a la gente que lo quiere oír.

Trump violenta nuestra soberanía e intenta someternos y humillarnos como nación, y lo hace desde el inicio de su campaña republicana, lo que refrendó durante su toma de posesión (o Inauguration Day) y los primeros días de su mandato, cuando firmó un decreto para construir un muro en nuestra frontera, que además, quiere que paguemos nosotros; también advirtió que publicará semanalmente una lista de indocumentados mexicanos criminales, lo cual solo fomenta la cultura del odio y la discriminación racial en pleno Siglo XXI. Esto no es cosa menor. Entonces… ¿Por qué una revista mexicana publica en portada a su esposa Melania Trump y nos la presenta divina en puntas como si nada de esto estuviera pasando. ¡¿Qué pretendía con eso Vanity Fair México (VFM)?!

Esto es coyunturalmente inoportuno para nuestro país. Además de la elección de la figura, el enfoque no toca la relación entre México y Estados Unidos, que sí sería de nuestro interés, lo cual no existe porque es una traducción del texto original para Vanity Fair Estados Unidos de la periodista de aquel país, Julia Ioffe, quien tampoco la cuestiona sobre el perfil ultra nacionalista y recalcitrante de su marido, aun cuando Melania es eslovena, ni le pregunta qué opina de los comentarios misóginos y derogatorios hacia las mujeres. Eso sería lo realmente interesante del artículo, no el perfil familiar de la señora, si usa bótox o no se operó las bubis.

En condiciones normales, esta portada sería tan equis y coyuntural como la de cualquier otra primera dama o reina del mundo, que llama la atención por angas o mangas; ya saben, la típica portada “cumplidora” en las revisas del corazón, pero la situación que vivimos en México no está para eso, a VFM le faltó criterio al publicarla en el peor momento de la relación diplomática entre ambas naciones durante los últimos 100 años. No era necesaria.

Gran parte de México está enojado con Trump (sino es que todos). Presentar a su esposa como “la aspirante a Jackie –bueno, esto es ridículo, no se parecen en nada–”, mientras en la Casa Blanca bullean y amenazan a nuestra nación, es simplemente un gran error: es no medir el pulso de la sociedad, es no leer a los líderes de opinión, es no mirar más allá del criterio propio y del nicho.

¿Influye que la directora sea la periodista española Lourdes Garzón, quien opera desde la Península Ibérica? Quizás, pero entonces, el extrañamiento se dirige a la CEO de Condé Nast México, Eva Hughes y a su consejo editorial, de quienes sería interesante conocer los argumentos previos a la decisión que tomaron con esta portada, que se percibe entre los lectores y la opinión pública como una falta de delicadeza.

Mi humilde opinión, tras 22 años en el periodismo mexicano y de haber trabajado por casi una década en el semanario Día Siete, es que las editoras se basaron solo en la “coyuntura” de información y de marketing y no consideraron lo que anteriormente expuse.

Mi colega Carlos Tomasini dice que ha sido muy exagerada la reacción contra VFM, porque las revistas no sacan portadas en un día y las editoras no podían prever lo que pasó esta semana. No coincido. Si bien una portada como esta se debió gestar entre noviembre pasado y enero de 2017, los ataques frontales de Donald Trump hacia México ya eran fuertes desde entonces, el discurso de su toma de posesión golpeó a los mexicanos y había oportunidad de detener esa portada.

Es más, me aventuro a decir que pudieron hacerlo con el material ya impreso, porque me consta y he estado en situaciones en las que muchas revistas han detenido prensas y han cambiado portadas y páginas por diversos motivos. Sí, es caro, se pierde mucho dinero y el trabajo hecho, pero, ¿no valen más la credibilidad y el prestigio del medio?

Este es un tema delicado, pero las cosas como son: Vanity Fair México no ha sido lo esperado en dos años de publicaciones. Si bien han tenido muy buenos reportajes y portadas (en este espacio publicamos una de ellas, Estefanía de Mónaco y nos gustaron los excelentes textos de Sabina Berman sobre Gloria Trevi y Angélica Rivera), ninguna ha sido reveladora, no ha marcado pautas o dado de tela para la opinión pública, como muchas portadas e historias de Quién, Caras y Hola!, en la última década. De hecho, la portada de lanzamiento de VFM fue también una mala decisión de timing: Cuando Angélica Rivera estaba en el ojo del huracán por la Casa Blanca desde hacía semanas, en VFM prefirieron poner en portada a la Reina Letizia de España. Meeeeeeh.

Dirán que injusto comparar a Vanity Fair México con publicaciones consolidadas que tienen mucho tiempo en el mercado, y es verdad, lapidarla por esta portada sería ensañarse, pero no vamos a negar que está muy lejos del prestigio que la editorial Condé Nast México se ha ganado con su portafolios mexicano con Glamour, Vogue, AD y GQ, y que aún no alcanza la influencia editorial de las Vanity Fair de Italia, España y, desde luego, Estados Unidos.

Sí, todos los editores nos hemos equivocado y el que diga que no, además de mentiroso, es soberbio. El que esté libre de pecados editoriales, que arroje su primer plotter. Pero VFM hizo una regada imperial, que trajo, entre otras implicaciones, que la gente en redes sociales la tilde de anti mexicana y pro trumpista, y si sus editoras no vieron venir eso, es grave, especialmente porque, si algo los ha distinguido, es su trabajo como promotores de la cultura y las artes mexicanas a través de libros, exposiciones y claro, sus propias publicaciones.

(Condé Nast México editó el libro Vochol para el Museo de Arte Popular, así como la muestra Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo, en 2012, en la Casa Azul, con su correspondiente catálogo y portada en Vogue, además de la reciente exhibición La Indumentaria y Moda en México 2040-2015, de la mano de El Palacio de Hierro y Fomento Cultural Banamex, por mencionar solo algunas de sus excelentes iniciativas culturales).

Tal vez nos gane el corazón lastimado; después de todo, los periodistas somos oportunistas, nos subimos a las coyunturas y aprovechemos todos los reflectores; en este sentido, como dice mi también colega y amigo, el editor de cultura de Excélsior, Víctor Manuel Torres, “en estos días, el periodismo opera con la lógica del cuetero”, esto quiere decir que todo es malo: si el cuete truena, porque tronó, si el cuete no truena, porque no tronó, pero en cualquier escenario, está de la fregada. A nadie se le da gusto nunca, pero cuando hay que medir el pulso público hay que ser cuidadoso y no subestimar la percepción de la gente.

Yo misma escribí hace un mes mi postura sobre el boicot a Ford: lo repruebo y sigo opinando que cualquier boicot a industrias estadounidenses poderosamente afincadas en México solo nos perjudica a nosotros en materia de empleos, impuestos y otros flujos económicos que entran por estas vías al país; pero la mayoría de la gente piensa lo contrario. No debemos tomarlo a la ligera.

Lo que queda por decir, como se ha dicho en todas las plataformas y sectores, en días recientes, es que debemos consumir y producir más empleos, productos y empresas nacionales y hay que ser inteligentes a la hora de decidir lo que comercialmente convenga más a nuestro país; si queremos dejar de viajar a EUA y consumir sus productos de importación, podemos hacerlo, solo hay que escuchar a los economistas y a nuestras autoridades para elegir lo que NO nos perjudique; y en mi personal apreciación, enojarse con todo lo gringo es lograr el objetivo Trump: odiar, dividir, segregar, discriminar y poner muros. No seamos iguales a él.

Este epílogo lo incluyo para dejar claro que, no voy a sabotear el número 23 de Vanity Fair México por gringo, sino por malogrado.